Daniel Alcaíno: «Mi sueño es hacer una película de Víctor Jara»

publicado en: 2014 | 0

Locuaz, histriónico, de sonrisa y risa fácil, el actor Daniel Alcaíno relata fragmentos de su vida personal con la misma facilidad con que recita un parlamento de “Bodas de Sangre” o “El rucio de los cuchillos”, o cambia los tonos de su voz, gesticula y actúa en medio de la conversación, como un todo creativo que no se detiene.

De niño fue criado por su abuela quien le enseñaba la importancia de respetar a los patrones, porque en su futuro Daniel tendría “patrones”, sin embargo ni su abuela ni su entorno imaginaba que se transformaría en el primer universitario de su familia, y que construiría su camino leyendo mucho, sentándose en los primeros asientos de las salas de clases y de teatro, porque sin tener conciencia siempre le llamó la atención la actuación, y en las salas de ensayo de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile comprendió que siempre tuvo facilidad para caracterizar a otros, es un gran observador, y por sobre todo tenía una memoria privilegiada, que se respira y se siente.

Si bien muchos identifican a Daniel Alcaíno a partir de uno de los personajes más desenfadados que ha creado, Yerko Puchento, el actor lee, respira y vive el teatro con un espíritu bastante similar a lo que el maestro Humberto Duvauchelle le decía en la Escuela de Teatro: “durante las 25 horas del día es la función”. Y doy fe que en esta conversación, fui testigo de Daniel como de varios personajes.

¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?

-Estudié Teatro en la Universidad de Chile, cuando se estaba rearmando la escuela en los años ´90, y me topé ¡con puros maestros!, mi primer profesor fue Humberto Duvauchelle, también me hacían clases Diana Sanz, Sergio Aguirre, Pedro Mortheiru, y entrar ahí fue muy tremendo para mí, yo era el primero de mi familia que entraba a la universidad y en mi primer día de clases me hicieron sentir que era una vocación casi sagrada, donde existía un respeto total, donde había que cuidar el cuerpo y el actor no podía tomar, ni fumar. “Durante las 25 horas del día es la función, es el teatro” decía Duvauchelle; “tu instrumento eres tú, tienes que cuidarlo, tienes que estar mirando, observando, aprender, nunca dejas de ser actor”.

¿Y siempre viendo la actuación para las tablas y no de otras áreas?

-La Escuela de teatro fue fundada en 1941 y cuando entré se iban a cumplir los 50 años. Y nos citan a las 8 de la mañana y nos llevan al teatro Antonio Varas y veo había un cajón de muerto en el escenario, y empiezan a cantar el himno de la Universidad de Chile y dicen, que lo que había ahí eran los restos de Pedro de la Barra, el fundador de la escuela de teatro, que acababan de llegar desde Venezuela, donde él había estado exiliado y murió allá. Y nos empiezan a hablar de varios actores, que eran verdaderos próceres del Olimpo que teníamos que emular. En la práctica me acuerdo que Pedro Mortheiru decía “muy bien, muy bien, un 2.8… es que después de Agustín Siré, nadie se merece un 7”.

¿Y eso te provocaba ganas de seguir o pensabas que ellos estaban exagerando?

-No, me gustaba, porque a mí me crió mi abuela (tiene dos hermanos por parte de la madre y dos hermanos por parte de su padre, el menor es de 13 años), porque cuando yo nací mi mamá estaba muy enferma y la internaron en Villa Alemana, y hasta los 7 años yo pensaba que mi mamá era mi hermana, yo era un hermano más de estos seis tíos. Nos criamos en Cerro Navia en una calle de tierra, pobre… mucha tradición oral, muchos dichos, el tema del esfuerzo de que con eso se solucionan todas las cosas. Y mi abuela se vino muy joven a Santiago, “a lavarle la ropa a los ricos”, como decía ella, y mi abuelo era panadero. Y bueno mi abuela con mucha tradiciones, cuentos, miedos me decía “hijo no hay que decirle nunca no a los patrones”, “usted calladito no más” y pasó que yo desde muy niño revertía las cosas, era muy memorión, aprendía mucho en los colegios, de hecho salí de 15 años del colegio. Cuando postulo a actuación yo me imaginaba que era aprenderse un papel y listo, que alguien te corrigiera, no tenía que ver con el talento o con ser capaz de proyectar una emoción, esas cosas vinieron después por añadidura. Yo me imaginaba que uno se aprendía el papel y aceptaba todo lo que decía el tipo que estaba afuera y te dirigía, hacer caso no más.

-Desde chico iba a ver obras de teatro y me aprendía los diálogos al tiro (Daniel se transforma y recita parlamentos de “Fuenteovejuna” y “Bodas de sangre”, luego continúa la conversación). Siempre fui como ordenadito, me ganaba el premio por mejor conducta, era aseguradito y para sacar buenas notas me sentaba adelante.

¿Y en la escuela entonces te fue bien?

-Cuando empiezan a hablar de emociones, de Stanislavski, ahí como que no empecé a entender mucho de qué se trataba actuar. Cuando di mi primer examen me saqué un 3.8 y la comisión de profesores me sugirió que mejor me cambiara a diseño teatral, porque yo dibujaba muy bien. Mis compañeros todos callados. Y dije, “Yo voy a seguir en teatro el próximo semestre, ¿para diseñarle a todos estos hueones que ahora agacharon la cabeza? No”. Y desde ahí agarré amor propio y me tocó con Fernando González, que un día me agarré con él y me dijo que yo era flojo. Y yo le explico “es que no entiendo”, y él me dijo “quiero trabajar contigo” y renací con eso, me retó y me remeció. Después llegó otro profe y aprendí todo lo del teatro físico, y actuando y actuando, y me fue gustando eso cuando me decían “el tipo es argentino, es gangoso”; me gustaba porque de niño yo viví en una población donde habían muchos personajes “el guate´ lápiz”, “El leche con ajo”, “el súper” ¡y yo los imitaba a todos!, me resultaba muy fácil la caracterización (interrumpe su relato para actuar como argentino, un gesto tras otro de manera perfecta). Me tocó en un examen hacer “El loco y la triste” (de Juan Radrigán); en la noche me encomendé a todos los dioses y principalmente a Víctor Jara y le puse la voz de él para mi personaje. Y me saqué un 7 y ahí me la creí, después también me fue bien, felicitaciones… después hice “Mala onda” (basada en el libro homónimo de Alberto Fuguet) y agarré confianza.

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«Desde chico iba a ver obras de teatro y me aprendía los diálogos al tiro».

 LA COMPAÑÍA EL CANCERBERO, EL PERRO DE SIETE CABEZAS

¿Y ahí partes con tu compañía El Cancerbero?

-Antes hice el Teatro de la Puerta con Luis Ureta, hicimos la obra “Los Monstruos” y ganamos todos los premios en el Festival de Nuevas Tendencias, actuación, texto, ¡todo! Después con (Abel) Carrizo hicimos “Manu Militari” y en 1995 armamos la compañía El Cancerbero y partimos con la obra “El señor Galíndez” y ganamos de nuevo todos los premios en el Festival de Nuevas Tendencias. Era una obra que trataba sobre la tortura; para mí siempre ha sido la mejor obra que he hecho. Cuando lo armamos estaba Paula Zúñiga que era mi pareja, Guillermo Calderón, Andrés Céspedes y Pato Molina, lo leímos y decidimos inscribirnos en el festival, y la pregunta era qué nombre nos íbamos a poner, entonces agarramos un libro de Borges al azar y sale la palabra “el cancerbero”, el perro que cuida las puertas del infierno para que nadie salga, y que según la mitología tenía tres cabezas y otros decían siete cabezas, entonces dijimos: si este animal tiene siete cabezas entonces ¡eso somos nosotros! ¡Somos siete! Y queremos dar teatro duro. ¡Nos fue la raja! (Al contarme el argumento de la obra, el actor vuelve a actuar algunas escenas). Y al otro año presentamos “Caricias”, nos gustaba el realismo, investigábamos siempre y después dimos “Perversión sexual en Chicago” de David Mamet.

¿Cuántas obras alcanzaste a hacer con El Cancerbero?

-Yo alcancé a actuar en tres, porque cuando estaba haciendo Macbeth me dio el cáncer (testicular) y nos salimos con la Paula, seguimos nuestro rumbo y los chiquillos siguieron con la compañía.

¿Qué pasó cuando te enfermaste, tuviste que parar todos tus proyectos creativos?

-Paré totalmente, si yo estaba con quimioterapia, andaba vomitando, estaba pésimo, después me operaron. Siete meses (en 1999) al servicio de los doctores ¡y por cueva me salvé! Y cuando me recuperé me acuerdo que me fue a ver Willy Semler y me cuenta que a Daniel Muñoz le estaba yendo la raja con un personaje en la tele que se llamaba “el malo” y que si lo podría reemplazar en una obra y yo le dije el jueves estoy ahí. Lo vi tres días y le dije, ya el domingo lo actúo. Ellos no lo creían, pero yo estaba eufórico y volví al teatro, y empecé a hacer obras de teatro nuevamente y hasta ahora no he parado más.

¿Estuviste en funciones este verano?

-Sí con “Malabia” en la sala Ladrón de bicicletas y después en el Teatro de la Aurora, es una obra política basada en el libro de Diamela Eltit donde asiste al juicio a Arancibia Clavel y nosotros construimos una dramaturgia para mostrar ¡cómo mienten estos hueones a Chile!

Yo pienso que cuando uno entra en una obra gira todo el rato en torno a eso. Y ocurren cosas mágicas donde uno dice “todo calza”, y me gusta sentirlo y pensarlo así. El texto lo vas levantando todo el día, todos los días y además que hay hacerle caso a los viejos como cuando hice “El rucio de los cuchillos” (2010) y conversaba con Rivano (Pone la voz del dramaturgo “Paco” Rivano, habla como el personaje de la obra, genera un diálogo, una nueva actuación)

“NO SOY CINÉFILO”

Durante este verano, el actor también fue parte de un estreno cinematográfico, la cinta “Videoclub” del guionista y director Pablo Illanes. Antes, tuvo pequeños papeles en las películas “Taxi para tres” y “Monos con navaja”, es que el celuloide no le llama la atención, a menos que pudiera representar al artista que él siente ha formado parte de su vida desde niño, Víctor Jara.

Tu última participación en cine fue un estreno reciente, Video Club, que era de zombies…

-Sí, claro, hay veces en que uno discrimina, pero en este caso tenía buena onda con Pablo Illanes y me pareció bien. Claro, no me interesan ni veo películas de zombies, además no soy cinéfilo, no veo nada de películas, una al año si es que, no, a mí me gusta leer, puro leer y el teatro, voy a ver todas las obras de teatro que estén dando y de películas veo puras películas chilenas, porque quiero ver a los colegas, cómo actúan.

¿Pero no tienes un sueño de poder hacer un papel o una película en especial?

-La única película que sería un sueño hacer es sobre la vida de Víctor Jara. Como la Pancha Gavilán hizo a la Violeta, yo quiero hacer a Víctor jara, y creo que lo podría hacer mejor que nadie, no sé, porque de niño lo he visto, es como si me hicieran hablar del patio de mi casa, siempre me ha gustado la vida de Víctor Jara: leía sus textos, escuchaba su música, leía todo, lo que vivió, y cuando entré a la Escuela de Teatro a todos les pregunté por Víctor jara (dirigió 10 obras para el Teatro Experimental de la Universidad). Colección. En la de estampillas de mi cabeza tengo todas las anécdotas de él. Yo hago una película de Víctor Jara y listo, cierro y levanto un kiosco, no me interesa nada más. El cine no es lo mío, lo mío es el teatro.

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«Veo puras películas chilenas, porque quiero ver a los colegas, cómo actúan».

LA CHAQUETA CELESTE DE EXEQUIEL PACHECO

¿Qué importancia tiene para ti la serie “Los 80”?

-Me movilizó desde el principio. Cuando me llevaron a la oficina de Canal 13 me hablaron de esta serie y pensé que podría ser más de lo mismo, Soda Stereo, los pantalones nevados, las chaquetas con chiporro, y cuando empiezo a leer el texto y veo que es con la mirada de un niño como de 10 años, yo dije: ¡claro, el ‘82 yo tenía la misma edad de este niño!, era como si lo hubiera escrito yo, pero yo no tengo el talento de escribir y pregunté quién lo había escrito, Rodrigo Cuevas, y le dije “me hiciste sentir como si hubiera estado en el living de mi casa, la cagaste”.

¿Sientes que tu personaje de Exequiel ha ido creciendo a lo largo de las temporadas?

-Cuando te dije hace un rato que todo tiene que ver, me pasó que empiezo a leer el guión y veo este tío que siempre llega a echar la talla, el buena onda, que frente a un problema llegaba con su buen humor, el típico chileno bueno para la talla, medio pelusa y yo digo: “mi papá”. Él llegaba a la casa echando la talla, bueno para la pelota, para los amigos. Y le digo a la productora necesito una chaqueta celeste, porque la única chaqueta que tenía mi papá, él era reponedor de Almac (supermercado), era una chaqueta celeste y había que exacerbarlo más no más (El actor gesticula con pequeños movimientos y empieza a caracterizar a su papá).

¿Y qué pasó cuando él vio este personaje, se sintió identificado?

-No, él no habla mucho de estas cosas. Y bueno el personaje siempre fue el tío buena onda, pero en la última temporada me inventaron una historia, que Exequiel tenía un pasado y eso me permitió no quedarme solo en la cáscara del personaje, sino inventarle un cuento, y cambió, ya es un personaje conflictuado…

¿Y será un personaje que lo recordarás como uno fundamental de tu carrera?

-Síííí y yo creo que es la gente la que me lo va a hacer recordar, en la calle me dicen “Exequiel”; si voy al estadio me dicen “¡grande Peter!” (Peter veneno, personaje cómico) y en un mall las mujeres me dicen “apolíneo, dionsiaco” (frase emblemática de su personaje Yerko Puchento). Cuando salgo con mi hijo (de 5 años), él me pregunta “¿Papá, cuántos nombres tienes, por qué te dicen Yerko, por qué te dicen Peter?” Es bonito, porque así como antes uno miraba un álbum de foto, el audiovisual es nuestro álbum fotográfico. Me siento que quedé un poco en la historia, como “Los Venegas”; la gente me dice “por fin un trabajo bien hecho, nos tratan con respeto, no le meten cosas para taquillar, está al servicio de la historia”.

EL FESTIVAL DE VIÑA ES EL ESCENARIO IDEAL PARA YERKO PUCHENTO

¿Cómo surge esta inquietud por hacer personajes de comedia?

-Es que en la televisión si no eres galán tienes que ser divertido, entonces una vez mirándome en el espejo dije: “yapo, divertido”, y desde niño tenía esa habilidad, tenía facilidad para caracterizar. Pero después del cáncer me encontré con Cristián García Huidobro y me dijo que fuera al canal y propuse a “Peter veneno”, un futbolista que se justifica para todo, que no era (Iván) Zamorano ni nada, y esa frase “lo bonito y lo importante” ¡lo decían todos los futbolistas!, y empecé a poner palabras cantinfleras y la cuestión pegó. Primero me dieron dos minutos, después tres, después me empezaron a invitar a los estelares, Y el único que me llevaba la delantera en ese tiempo era Daniel Muñoz que hacía “El malo”, y yo le pedía consejos. Los libretos los armaba yo con Jorge López, a quien conocí en la Escuela de Teatro y él después estudió guión. Ahí me di cuenta que yo tenía ángel para hacer humor y me gustó.

Entiendo que vienes llegando de hacer una gira con Yerko Puchento, ¿lo que presentas es una propuesta más política?

-Sí, es político, porque hace siete años atrás salimos en la tele cuando era más católico y teníamos que discutir si la palabra “poto” la podíamos decir o no, y en ese momento hicimos en teatros “Yerko sin censura” y nos dimos cuenta (con Jorge López) que teníamos una línea editorial propia, con colores propios, porque lo que hacemos es un humor con nombre y apellido, donde vamos al hecho en sí, pero le damos un toque de humor.

¿Y qué significa para ti este personaje?

-A mí me gusta hacer a Yerko. Ahora elegimos ya no reírnos de la farándula, sino de los políticos, porque pensamos que ellos se reían de nosotros, y vemos que la gente tiene mucha impotencia y que lo único que podemos hacer es, que en vez de ir a quemar las farmacias es mejor reírnos, devolverlo con humor. (Con voz de Yerko dice:) “Oye el pato del Banco de Estado que era simpático y buena onda y resultó que era ¡un pato malo!, a medio Chile se lo estaban cagando con los intereses. Van a tener que cambiar la mascota, en vez de un pato que pongan un burro”; “oye, la Camila Vallejo quedó embarazada, entre luma y luma”… No sé, y la gente ríe. Vamos metiendo un Arca de Noé, donde hay algo para cada especie, desde la más estúpida.

Gentileza de Daniel Alcaíno.
Gentileza de Daniel Alcaíno.

Pero hoy en la televisión abierta también fue evolucionando el personaje, has dicho cosas muy duras desde la contingencia…

-Claro, ¡pero recuerda que estuvimos cuatro años censurados en canal 13! Nos pararon el personaje, porque hablaban más del personaje que del programa en el que estaba o que otros programas del canal, porque se decía (en la opinión pública) que Yerko era el que más se atrevía a decir las cosas. Y bueno, nos ofrecieron volver y hablé con Nicolás Eyzaguirre (ex director de canal 13, próximo ministro de Educación) y yo le dije: “vuelvo sólo si se pueden decir cosas”. Y en el primer programa nos fuimos al chancho y dijimos de todo. Salí con una barba larga como Osama Bin Laden y fui un peak en pantalla diciendo: “esto no es más peligroso que una m16, ni que un cura pedófilo”.

¿Cuánto puede durar Yerko Puchento?

-No sé, el personaje dura porque es igual que nosotros, es doble estándar. Funciona diciendo cosas que la gente dice, la lógica del libreto es que uno dice “si po, sipo, así es, pero luego viene el chiste”. Por ejemplo, aparece Yerko y habla con la voz de Salvador Allende: “vengo de Chile, un país donde el mar es transparente, ¡pero es más helado que la concha de su madre!” (risas); “vengo de Chile, un país que limita al norte con Perú y Bolivia, al este con la Cordillera de los Andes, al oeste con el océano Pacífico, y al sur con los terrenos de Douglas Tompkins” (risas); o, “vengo de Chile, donde el mar es libre y cualquier persona puede tener acceso a la playa, pero primero tienes que pasar por detrás de un condominio, arrancar de los guardias, cortar tres alambres púas, y tirarte al mar si tení cueva” (risas). En el fondo son cosas que todos sabemos. La gente me dice siempre, “diga, diga, usted puede, diga” entonces mientras digo cosas chistosas, hablo de la causa mapuche. Es jugar en los límites.

¿Cómo te sientes cuando terminas una presentación de Yerko?

-El 90 por ciento me siento bien y la adrenalina está a mil, ni en el teatro he sentido esa adrenalina. Yo partí con este personaje el 2001 y el personaje empezó a crecer y marcaba los peaks de rating, entonces todos depositaban en mi (la confianza), y salía (al set) y cachaba que tenía el poder de hablarle a todo Chile desde un estelar, entonces de repente hacía lo del dedo de Lagos: (con voz de Yerko) “A ti te hablo Presidente Lagos…molesta la huevadita, molesta que te apunten con el dedo”. Y me arrojaba que yo era capaz de hablarle al Presidente y cosas así: (vuelve la voz del personaje) “Usted que dijo crecer con igualdad. ¡Sí, los pobres siguen siendo igual de pobres y los ricos igual de ricos!”. Hay cosas que son categóricas y suenan fuerte, pero Yerko tiene que utilizarlas porque nadie más lo dice. A mí me gusta el discurso, (simula a Fidel Castro): “¡con la verdad, con la verdad, con la verdad!; ¡con la moral, con la moral, con la moral!”. Claro yo como Daniel no lo puedo hacer, pero como Yerko sí puedo. Hay anécdotas que son crueles, pero el chileno es así, dice: “no, sí, buena onda con los mapuches” pero anda a aceptar a tu hija que pololee con un mapuche, ¡lo echai cagando! El chileno en eso es penca, y eso tratamos de develarlo en los libretos.

¿Es factible Yerko Puchento en el Festival de Viña?

-Claro, sí, ¡es el mejor escenario!, pero no se atreven. Me gustaría, porque los desafíos me encantan, tienes para florearte, tienes todos los medios ahí, toda la tecnología, veinte tipos en el jurado, preguntarle al público, mostrar imágenes, reírse de los tipos, no sé, poner por ejemplo a Tomás Jocelyn Holt y decir, “nadie que quiere ser Presidente se puede llamar Joooocelyn; Jocelyn llegaron los ministros”. Entonces vamos analizando a los Presidentes, no sé, las Piñericosas, ¡es para florearse!

Fotografías: Las Magas.