Por Claudia Mardones
Periodista especializada en música popular

Durante una cena en la Casa Blanca, el tema de conversación en una de las mesas era la importancia del jazz. La esposa de un político preguntó a uno de los comensales ¿qué había realizado él por el jazz?. La respuesta fue directa: “yo he cambiado la música cinco o seis veces (…) Ahora dígame usted, ¿qué cosas ha hecho que tengan alguna importancia, aparte de ser blanca?”. El músico era el trompetista y compositor afroamericano, Miles Davis, cuya carrera partió a los 16 años.

Charlie Parker y Miles Davis

El músico destacó a nivel mundial por su capacidad de innovar y para fusionar sonidos, con el objetivo de crear nuevas variantes del jazz. Era un tipo contradictorio, irascible (no en vano recibió el apodo de “El Príncipe de las tinieblas”), huraño, aficionado a las mujeres, al sexo, además de los autos Ferrari. Se comunicaba con dificultad a través de una voz rasposa, causada por la extracción de nódulos que aparecieron en sus cuerdas vocales. También sería inolvidable su ropa extravagante.

Primeros impulsos
Miles Dewey Davis III nació en Alton (Illinois, Estados Unidos) en 1926. Su padre era dentista y su madre, profesora de música y una aficionada al violín; férrea luchadora de los derechos civiles. Este origen acomodado le desagradaba al músico, porque la procedencia de sus compañeros era diferente.
Tras su nacimiento, la familia se mudó al barrio blanco east Saint Louis, sitio donde conoció el jazz y el blues. A los 12 años, recibió de regalo una trompeta y comenzó a tomar clases privadas con Elwood Buchanan, un paciente de su padre -miembro de reconocidas bandas de jazz-, cuya técnica dejaría una impronta en el estilo jazzístico del alumno. Sobre él siempre recordará la gran influencia que tuvo en su vida, porque fue la persona que me introdujo a la música en ese momento.
Otro factor que marcó su carácter de Davis, fue la discriminación racial. En la escuela secundaria yo tocaba la trompeta y era el mejor de la clase de música. Lo sabía y los demás también lo sabían, pero todos los primeros premios de los concursos los ganaban mis compañeros de ojos azules. Me dio tanta rabia que decidí que con mi trompeta sería mejor que cualquier blanco. Si no me hubiera topado con ese prejuicio, probablemente, no habría tenido tanto empuje en mi trabajo. He pensado mucho en eso. Creo que el prejuicio y la curiosidad son los responsables de lo que he logrado musicalmente, señaló en su biografía.
Incluso, con una carrera ya consolidada, afirmó que no pasa un día sin que esta discriminación me vuelva loco de rabia y como no puedo estar siempre furioso, utilizo la música para sacar mi ira.
Ya con cierta formación en teoría musical, el artista ingresó al sindicato de músicos negros para empezar a tocar en bandas de su ciudad durante los fines de semana, gracias a esas jam sessions, “Little Davis” -apodo que recibió por su baja estatura- conoció a los músicos más importantes del ambiente.
Si bien el adolescente se dio a conocer, dejando impresionados a sus colegas, regresó al colegio frente a la insistencia de sus padres.

Tras Parker
A poco de graduarse, fue aceptado en la orquesta de Billy Eckstine, entre cuyos integrantes se encontraban el trompetista Dizzy Gillespie y el saxofonista Charlie Parker (“Bird”), los pilares de un nuevo estilo de jazz, el bebop, que se caracterizaba por “fraseos cortos, rápidos y agudos”. Fascinado por la forma de tocar de Parker, empezó a seguir a su ídolo.
Luego de negociar con su familia la continuación de sus estudios, el compositor viajó a Nueva York para entrar a la Juilliard School of Music. Atrás quedó también su esposa Irene Cawthon con la que recién se había casado.
Para combinar las clases con el trabajo, vivió cerca de la Calle 52 (“The Street”), el epicentro que congregaba a los cultores del jazz en los ’40. Sin embargo, un año después, abandonó Juilliard para unirse a la banda de Benny Carter, donde efectuó sus primeras grabaciones como músico de sesión. Luego trabajó con la big band de Eckstine y el quinteto de Parker (1947-1948).

MILES AHEAD, Don Cheadle (as Miles Davis), 2015. ph: Brian Douglas/©Sony Pictures

A pesar de su base teórica, aún le faltaba desarrollar el aspecto técnico para alcanzar su propio estilo. No obstante, para aprender más, estudiaba las partituras de compositores europeos, con el objetivo de ver qué estaba sucediendo en el género.
En su autobiografía, citada por el diario El País (España), el compositor señalaba que, “para convertirse y mantenerse como un gran músico, hay que permanecer siempre abierto a la novedad, a lo que ocurre en ese instante. Además, hay que ser capaz de asimilar esta novedad para imponer la propia música”.
El debut discográfico de Davis llegó en mayo de 1945 como miembro de un sexteto. A su vez, al ver cómo el alcohol y la heroína controlaban la vida de su ídolo, “Bird”, decidió buscar su propio camino. A final de la década, creó su propia banda, llegaron las grabaciones y, a los 21 años, fue elegido por la revista Down Beat como el mejor trompetista de la temporada. Era un músico con proyección.
Sobre sus colegas siempre dijo que hay pocos músicos originales, por lo tanto, para cambiar es necesario trabajar con el sonido, porque “es tu voz, tienes que buscarlo”.
Un ejemplo, fue el uso sordina de acero Harmon en su trompeta, gracias a la cual le dio un sello inconfundible y revolucionario, “más íntimo, suave y melódico, a base de notas cortas”.
Por otra parte, hubo un músico que le enseñó lo contrario. Se trató del pianista Thelonious Monk, quien buscaba aplicar los silencios en sus composiciones. El trompetista tomó este recurso, empleándolo con éxito durante la búsqueda de nuevos estilos.

Cool Jazz
En el camino de Davis, apareció el compositor y arreglista canadiense Gil Evans, con el cual formaría una banda de nueve músicos que daría vida a un nuevo género de jazz durante los ‘50: el cool jazz. Éste se aparta del bebop gracias a “tonos más suaves, ritmos más constantes”, donde la improvisación era la clave. En esta línea, su trabajo más emblemático fue “Birth of the cool”, pero no logró entusiasmar a la audiencia local. Sin embargo, obtuvo buena recepción en Francia, lo que obligó a la compañía discográfica a relanzarlo en años después.
La presencia del canadiense, y la contratación de músicos blancos en el futuro, desató críticas. Pero el compositor sabía que, al sumar intérpretes de distintos orígenes, entregaba riqueza al jazz, permitiéndole evolucionar. Viajó a Europa donde conoció a un público libre de prejuicios raciales.
Al regresar, tuvo un altercado a golpes con un policía en el aeropuerto de Nueva York…era la vuelta a la realidad. El incidente lo motivó a boxear: el boxeo es como la música: cada día se aprende algo. Boxeo porque me da fuerza y expulsa de mis pulmones el humo de la noche anterior. Es bueno para tener buen soplo. Me permite quedarme pegado a la embocadura. (…) Yo no bajo la guardia cuando toco. En un grupo, nunca debes dejar que el que toca detrás, adivine cuándo vas a retirar el instrumento de tus labios y hacer una pausa. Siempre hay que acorralar al adversario.
El compositor desarrolló una personalidad desafiante y violenta que se acrecentaba con el consumo de heroína. Abandonado por su esposa, trató de volver al mundo artístico al formar un quinteto con el saxofonista John Coltrane, con el cual trabajaría exitosamente para el sello Prestige Records. Tras despilfarrar su dinero y estar incluso preso, debido a una demanda de su mujer, retomó una vida sin adicciones, más ordenada, iniciando un proceso de desintoxicación en la casa de su padre.
Luego de superar este episodio, Columbia Records lo contrató para trabajar otra vez con Gil Evans en 1955, materializando las innovadoras ideas del músico en álbumes como “Miles Ahead” y “Sketches of Spain”, la versión jazzística del Concierto de Aranjuez del español, Joaquín Rodrigo, donde fusionó el flamenco y el cool jazz.
Los vaivenes en su vida siguieron moldeando la personalidad del músico. En una entrevista se definió así: soy rebelde y negro, inconformista, frío y con estilo, airado, sofisticado y ultra limpio, añada el rasgo que quieras.

Un soundtrack e instrumentos electrónicos
La forma de trabajar del compositor era especial, no manejaba material escrito. Por lo tanto, exigía a sus músicos siempre improvisar, anticiparse. Lo mismo ocurría en los estudios de grabación, debido a que allí también se registraban hasta los sonidos que aparecían en el momento, los cuales podrían ser parte del producto final.
Una muestra fue la banda sonora de la película de Louis Malle “Ascensor para el cadalso” (1958), el trompetista sólo dio a conocer a la banda algunos acordes que había pensado después de ver la película. El registro fue obtenido a medida que se proyectaba el film, mientras el grupo improvisaba.
El compositor siguió probando para encontrar algo más; odiaba repetir fórmulas que ya había utilizado. Así nacieron Milestones y Kind of the blue, el álbum más popular de su carrera, reflejo de un nuevo estilo: el jazz modal. Este último LP dio un giro a la música de Davis, transformándose en el disco más vendido en la historia del jazz (más de 20 millones de copias). Aquí participó el saxofonista John Coltrane.
El atractivo de este álbum es la improvisación, pues los temas constan de una base rítmica en la que los músicos superponen interpretaciones con sus instrumentos”. “Kind of the blue” incluso es parte del Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por su “significación cultural o histórica” para ese país.
Hacia los ‘60, empieza a tocar hardbop, free jazz, funk hasta el jazz rock, último estilo influenciado por su admiración hacia Jimi Hendrix y Sly and the Family Stone. En esta línea, “Miles in the sky” fue el primer LP en adoptar instrumentos electrónicos, para captar la audiencia más joven que consumía rhythm & blues y rock.
Por ello, en su banda aparecieron los pianos eléctricos (Herbie Hancock y Chick Corea), la guitarra eléctrica (John McLaughlin) y el órgano (Joe Zawinal) con los cuales grabó “Filles de Kilimanjaro”, “In a silent way” y “Bitches brew”. Su decisión generó críticas.
Sin embargo, su respuesta fue tajante. Hay una pandilla de puristas pronosticando que los instrumentos eléctricos arruinarán la música. ¡No, señor! Lo que arruinará la música será la mala música, pero no los instrumentos que los músicos elijan tocar.

Perfección autodestructiva
Aunque sus presentaciones eran extensas y complejas, sirvieron para dar forma esta vez al jazz ácido, cuyo nombre derivó del ácido lisérgico (LSD), la droga de moda.
La búsqueda del perfeccionismo afectó su salud mental, impidiéndole relacionarse con familiares o colegas. Asimismo, la salud física fue deteriorándose por su mala alimentación, una operación a la cadera, además de una diabetes. El músico recae en la ingesta de drogas (cocaína) y sufre un accidente. Las giras lo agotan, se retira.
Casi desnutrido, desorientado, sumido en sus vicios, obsesiones, rodeado de sus fantasmas que marcaron su vida, ya no es el mismo artista que desafió al mundo. En su departamento, camina en bata con una pistola bajo el brazo. Alejado por años de sus hijos, también vivió el olvido de sus compañeros. En medio de esta crisis, llamó a su vieja amiga Cecily Tyson, quien lo ayudó a recuperarse para volver a los escenarios. Como terapia, también se dedicó a pintar. A inicios de los ’80, el músico vuelve con “The man with the horn”, cuyo estilo fusionaba ahora el jazz con el pop.
Hacia sus últimos días, el artista trató de reparar los vínculos con sus tres hijos.
Davis murió en Santa Mónica (California) en 1991, a los 65 años, producto de complicaciones por la neumonía. Si bien el músico ya no está para tocar su trompeta, aún se mantiene vivo sonando, por medio de los artistas que tocaron con él o en las generaciones de músicos que sigue influenciando.
Sólo queda una incógnita, ¿cuál hubiera sido el resultado de las colaboraciones que tenía planeadas con Jimmy Hendrix o con Prince?