Por Valeria Solís T.
Escritora, periodista, terapeuta energética /@SolisTapia

créditos: Carla Mackay en biografía de la artista.

Las manos desgastadas de un boxeador de barrio. Un anciano desnudo con zapatos. Una mirada perdida en el horizonte magallánico. Travestis, locos enamorados y retratos de seres que ya no están son algunos de los protagonistas de “Réplicas y Sombras”, una retrospectiva que abarca cerca de 20 años de la obra de Paz Errázuriz que se expusieron el año 2004 en la Galería de Fundación Telefónica. Han pasado más de 10 años de esa muestra y no sólo se ha movido el calendario, sino también la vida de esta importante artista nacional, quien acaba de recibir el Premio Nacional de las Artes Visuales, el primero que se le entrega a un artista de la fotografía. Por esta razón rescatamos esta sincera conversación que tuve en esa oportunidad, lo cual permitirá comprender lo clave que ella ha sido en nuestro patrimonio cultural.

Su mirada, intimista, poética y casi obsesiva se traduce en una serie de trabajos fotográficos a los cuales ha dedicado años. De ellos han surgido libros censurados como también obras de teatro como “La manzana de Adán” que llevó a escena la entonces compañía Teatro de la Memoria encabezada por Alfredo Castro.
Errázuriz es, sin duda, una de las más importantes fotógrafas autorales de nuestro país, que no transa con la imagen comercial ni con sus ideas de lo que es el mundo. Con becas internacionales tan importantes como Guggenheim, Fulbright y la distinción Ansel Adams, hoy está centrada en varios proyectos interdisciplinarios como un documental de lo que fue su trabajo en Puerto Edén con la etnia Kawesqar y un libro: «Memento mori» sobre retablos funerarios.

Paz, ¿cuál es el hilo conductor que hilvana toda esta muestra y que rescata 20 años de tu obra?

-Es interesante, yo también pienso que todo lo mío está hilvanado por el mismo hilo, y que los temas son más o menos los mismos…, es lo que sucede con los trabajos autorales, porque uno tiene obsesiones y no las termina nunca de resolver. Creo que tengo una necesidad del tema de la identidad, que va por una cuestión biográfica, no es sólo un decir que uno se siente haciendo continuamente su propio retrato. Hay una búsqueda tremenda de algo social también y de lo político. Si el arte tiene que ver con lo social, es necesariamente político. Los personajes pueden cambiar, pero creo que también son los mismos.

Imagen de la serie «La manzana de Adán», 1983

Tu temática está centrada en “los otros”, los marginales, los que no salen en las portadas de los diarios, para ti ¿hay marginales que no pasan por la pobreza necesariamente?

-¡Claro!, es la pobreza versus el poder. Y ahí hay muchas gamas. Yo también pienso en las minorías y hay un gran punto, por ejemplo, como minoría mujer cuando ves en las noticias que los hombres siguen ganando más que las mujeres. Eso me da un sentido de pertenencia muy claro, desde siempre. Y poco falta para que suceda lo que hacen algunas aves de presa que tiran fuera del nido al animal más débil. Y uno como que está acostumbrada a vivir debajo de ese nido. Uno buscó todas las estrategias y uno las tiene.

¿Pero en este sentido a través de tu fotografía también hay una suerte de reivindicación?

-Pienso que eso está detrás. Pero detrás de mi trabajo también existe un tema constante que es el amor, que es muy entrecomillas, de las parejas de enamorados del manicomio, y el amor de la madre por sus dos hijos travestis, el amor de los bailarines de tango. Siempre hay otros hilos que van conduciendo las historias.

¿Algunas de estas muestras te han generado más satisfacción, sorpresas?

-Tengo grandes amores con mis temas y de hecho me cuesta mucho terminarlos y despegarme. Uno nunca sabe cuándo terminan. Creo que siempre el trabajo en el que uno está me tiene muy feliz por lo que significa. Por ejemplo, el trabajo de memento mori, que son fotos de fotos de fotos, es un trabajo que empecé hace montón de tiempo, como que empecé a coleccionarlas. No es que yo fuera a sacarlas y punto. Entonces, cuando este trabajo se configuró como tal ¡me estusiasmó no sabes cómo! He tenido fuerte conmociones con cada uno de estos trabajos…

¿Podrías diferenciar entre lo propiamente artístico con las emociones de cada nuevo proyecto?

-Hay trabajos que yo quiero montones y que artísticamente yo digo, a lo mejor no supe resolverlo…, siempre sucede eso, pero también para mí tienen otra fuerza, porque son trabajos muy complicados de hacer. Por ejemplo, «Los nómadas del mar», donde siento que está poco terminado así es que estoy haciendo un documental con ese tema ( junto con la chilena Lucía Salinas radicada en Australia y un equipo australiano). Este documental lo filmamos hace un año y medio, yo estuve allá editando y ha sido tan difícil encontrar financiamiento para terminarlo.

¿Cada proyecto fotográfico te ha significado años para desarrollarlo?

-Sí, y muchos. Por ejemplo con “La manzana de Adán” lo inicié en 1983 y el libro se publicó en 1989.

¿Entonces te involucras emocionalmente con las personas que serán tus personajes fotográficos?

-¡Sí y económicamente también!, porque hay trabajos donde nadie te va a estar dando una beca y en la época de la dictadura para hacer los travestis, nada, era un grupo humano tríplemente deprimido. Entonces es mucho esfuerzo para cada cosa. Uno también es mamá (una hija y dos nietas), y hay otras responsabilidades. No es un lugar donde trabajes de 8 a 8. Mi trabajo es en terreno, como documental. Ahora, el hecho de no trabajar con otro o para otro, me hace sentir más libre, no en cuanto al compromiso que se pueda tener con el tema, sino al hecho de cada trabajo tiene una introducción casi antropológica, donde tienes que encontrar informantes, personajes que te pueden aceptar o no, varios detalles que son delicados, en el proyecto del siquiátrico de Putaendo fue igual, por ejemplo ahí yo me arrendaba una pieza y me organizaba tareas.

¿Cuando inicias un trabajo le explicas a las personas lo que quieres de ellos?, ¿te han dicho directamente «no, gracias»?

-Lo más cercano fue con algunas personas de la etnia kawesqar (foto portada) que me dijeron «con fotos no» ¡Después que yo había ido hasta Punta Arenas, tomar un bus, después un bote, llegar a Puerto Edén y que te digan: no! …. Tuve que llegar a conversar, pero hubo personas que se negaron definitivamente , y con eso, yo soy súper respetuosa.

¿Qué ha sido lo que más te ha impactado en tu trayectoria?

-Hay sorpresas muy maravillosas, por ejemplo, con las fotos del siquiátrico resulta que ellos mismo fueron los primeros en ver ese trabajo en una sala de allá. Para mí fue impactante verlos mirándose, y el libro que hice con Diamela Eltit (sobre esta muestra fotográfica), fue una experiencia tremenda. Casi todos los proyectos han sido súper satisfactorios, con «La manzana de Adán» por ejemplo, donde Alfredo Castro, a quien admiro mucho, montaron la obra con la compañía. Esa oportunidad de lo interdisciplinario que se genera es algo que me ha gustado mucho. O por ejemplo, el trabajo de «Los nómadas del mar» también se hará un libro y quien prologa ese libro es un sociólogo de la etnia, y eso para mí es un gran honor.

¿Crees que el uso del blanco y negro le da el dramatismo o la realidad que quieres presentar?

-El color me distrae mucho, me saca de mi tema… como que una tuviera prevista una manera de resolver las cosas. A mi me encanta el blanco y negro, no tengo prejuicios ni me convence cuando dicen que es más artístico el blanco y negro.

Serie retablos funerarios «Memento mori»

¿Cómo crees que llega tu trabajo a la gente?

-Yo siempre he estado bien cercana a la parte literaria, poética, donde me siento muy cómoda y la cosa anecdótica del público me interesa. La fotografía ha estado tan ninguneada, tan separada del circuito del arte, los fotógrafos difícilmente se pueden sentir parte del mundo artístico. Entonces ver que mundialmente la fotografía está en otro nivel y que en Chile recién le están dando un espacio y ver la cantidad de personas que han venido a ver esta exposición, ¡me sorprende!

Te lo pregunto, porque uno siempre quiere decir algo, y quiero saber si ese “algo” crees que sí le ha llegado a la gente.

-Las reacciones que yo capto son de mucha empatía, empatía curiosidad. Hay que pensar también que mi fotografía es documental, y no hay composiciones ni cosas florales, acá hay historia. Yo he pertenecido a toda una generación, la de los `80, tan cargada para tanta gente…, entonces es raro que ahora la gente se atreva a mirar, piensa que yo fui censurada no sé cuántas veces, con «La manzana de adán» por ejemplo ni en las librerías se atrevían a venderla. En ese sentido es interesante hoy ser testigo de otro tiempo, donde uno ve que las cosas pueden digerirse de otra manera. Yo me había acostumbrado a que mi trabajo causara dolor de estómago.

¿Cada uno de estos proyectos nacen a partir de una beca?

-Algunos sí, otros han sido a capela. Hay proyectos que se quedan guardados y continúo con otros y eso tiene que ver porque la fotografía es muy cara (años de fotografía análoga). He tenido becas importantes y gracias a eso he podido hacer un montón de cosas. Mi marido es un pintor, tenemos ingresos inestables y no podemos pedir ningún crédito en el banco y tampoco tenemos jubilación.(Thomas Daskam falleció en mayo de 2017 a los 82 años).

Paz, ¿tú vives de la fotografía?

-Sí, hago muchos retratos y desde hace tres años hago clases. Yo siempre quise estudiar arte y mi papá no me dejó porque encontraba que los artistas eran ¡lo último! Entonces estudié pedagogía y trabajé haciendo clases en colegios durante muchos años y empecé a hacer retratos en los colegios hasta que renuncié y me dediqué de lleno a la fotografía.

¿Qué te hace ser fotógrafa?

-La técnica fotográfica la puedes aprender con un libro, claramente, pero lo que te hace ser una artista no se aprende más que con la experiencia.

*Un extracto de esta entrevista fue publicada en La Nación Domingo el año 2006 y acá se da a conocer la conversación completa.