Por Alvaro Santi
Tarólogo y Escritor /@mundopsiquico

«Aprende a mirar donde ya miraste y trat de ver lo que aún no viste»
Saturnino de la Torre

A principios de Marzo, una casa de Puerto Montt se hizo rápidamente conocida debido a una supuesta actividad paranormal que allí se desarrollaba. Los fenómenos experimentados, no sólo por los familiares y vecinos del lugar, sino también por turistas, sacerdotes católicos, evangélicos e incluso un carabinero, iban desde sensaciones pasadando por cuchillos que volaban atacando a personas e incluso, la combustión espontánea de algunos objetos domésticos.
El equipo de un popular programa de televisión me contactó para investigar el caso y fue así como viajé hasta el sitio de los sucesos. La ciudad se encontraba revolucionada con la noticia y todos especulaban sobre sus posibles causas.
La primera vez que nos trasladamos hasta la población no teníamos claridad de su ubicación exacta, pero al encontrarse tan difundida la noticia, nos resultó bastante fácil llegar preguntando directamente a los transeúntes por la “casa embrujada” más que llegar a emplear un mapa. Al llegar, nos dimos cuenta que el poder ingresar con cámaras de TV, sería mucho más complicado ya que otro canal estaba cubriendo la noticia y tenían el propósito de pasar toda noche en su interior para registrar algo fuera de lo normal (objetivo que claramente no pudieron alcanzar), por lo que no tuve más opción que realizar una psicografía desde la calle, frente a la casa.

La información que, a través de ese medio tuve, fue que la familia había sido víctima de un ataque psíquico de parte de una mujer cercana a ellos. Esto fue corroborado por la dueña de casa y otros miembros de la familia días después, cuando por fin logré conversar con ella, mostrarle el retrato psicografiado de la atacante e ingresar por fin al inmueble.

Una vez dentro fui testigo, junto con la periodista y el camarógrafo que me acompañaban, de algo que en ese momento escapó de una explicación satisfactoria: una botella de agua mineral de litro y medio que se encontraba prácticamente llena y que descansaba sobre la superficie plana de una lavadora cayó sorpresivamente, tal como cae un árbol. Junto con ese extraño acontecimiento pude percibir cambios en las energías del lugar y hasta experimenté náuseas, algo que me suele ocurrir en lugares con mucha carga de energías de baja frecuencia vibratoria. Sin embargo, no fuimos amenazados por «proyectiles» como ocurrió antes con otros visitantes. Es por esto y por los registros audiovisuales analizados cuadro a cuadro por expertos con los que nos reunimos, que no puedo sino dejar abierta la posibilidad de un montaje.

Escribo este artículo con la intención de compartir con ustedes mi última reflexión sobre este caso a modo de conclusión. Agradezco contar con esta posibilidad que me brinda Mirada Maga mes a mes, y que me permite expresar a través de este medio lo que difícilmente puedo comunicar en otros medios de comunicación que enfocan estas noticias de un modo que ya no sorprende y sí los caracteriza: entretención y espectáculo.

Más allá de la veracidad del relato de esa familia, de la posibilidad de montaje, de la gran cantidad de lecturas que cada uno, desde sus inclinaciones, podamos hacer sobre lo ocurrido me quedo nuevamente con la sensación, y digo nuevamente, porque he visitado innumerables casas con supuestas manifestaciones paranormales, que: por la capacidad con la que contamos los seres humanos de proyectar nuestro mundo interior (miedos, deseos, frustraciones, expectativas, etc.) en el exterior, llegamos a una apresurada conclusión sin investigar metódicamente lo que está frente a nuestros ojos. Lo veo cada día en mi consulta. Por citar un ejemplo, un consultante me ha mostrado sus afecciones dérmicas, tales como eccemas, como una prueba de que sí son víctimas de magia negra, pero esto ¡sin antes haber acudido a un especialista médico! ¿Cuántas veces eso se vuelve una gran oportunidad para timadores que se aprovechan del miedo y la ingenuidad de sus clientes?

Me parece necesario, antes de llegar a una apresurada deducción, descartar toda posibilidad física (¡y vaya que yo con la ayuda de investigadores científicos, me he encontrado con muchas!) para recién pensar en la eventualidad de que estamos frente a un acontecimiento de otra naturaleza. Así, por lo menos, es lo que hacen los investigadores paranormales competentes.

Esta es una invitación para psíquicos, religiosos, periodistas, comunicadores, instituciones policiales, víctimas y en fin, para todos nosotros: ¡Unamos nuestra dimensión mágica a nuestra dimensión racional!