Desde México:
Anan Nodedt
Arquitecto especializado en agroecología
Terapeuta Psicología Transpersonal, Chamanismo y Meditación.
Conferencista y Tallerista internacional

En Latinoamérica no hay pobreza, lo que sí hay es gente pobre, lo cual es muy diferente. Es uno de los continentes más ricos del mundo, he recorrido más de la mitad de todo este continente y puedo asegurar que es sumamente rico.
Para mí alguien pobre no es alguien sin dinero; es alguien lleno de carencias y heridas internas. Lamentablemente muchas de estas personas llegan a puestos de poder en el gobierno, creando pobreza. De ahí surge la corrupción, que es un sistema de pobreza creado por los pobres que gobiernan desde las heridas internas que no han sanado, lo cual los lleva a buscar acumular dinero, por ejemplo, para sentirse poderosos ante los demás y así no sentir sus propias heridas al aparentar que se están ocupando de problemas que la sociedad tiene; una sociedad que ellos han creado y en la cual participan desde sus heridas inconscientes.
Esto de la pobreza no es un problema sólo de este continente, es un problema casi del mundo entero, hay decenas de países gobernados por pobres, nos quieren hacer creer que la pobreza surge por la falta de educación; no es que no necesitemos educación, pero incluso la educación está al servicio de seguir siendo pobres por dentro.
Hoy en día tenemos que abordar la pobreza de una forma más profunda, porque el planeta y sus recursos son finitos, no son infinitos, entonces si no comenzamos a cambiar el paradigma del progreso, cada vez habrá más pobreza. Tenemos que comenzar a ver el progreso como una forma de cuidar los recursos naturales al servicio de las futuras generaciones, entendiendo que los seres humanos somos también naturaleza. Hacernos más conscientes de nuestra interioridad es lo que nos puede ayudar para dejar de ser pobres internamente y tener la claridad para ver cómo avanzar hacia un futuro sostenible.
Nos dicen que tenemos que ser responsables y no nos dejan aprender nada por nosotros mismos. De hecho, nos educan en la irresponsabilidad pues desde pequeños aprendemos que nuestra educación depende de otros y no nos dejan experimentar lo que necesitamos como niños. Aunado a esto, nuestras emociones tienen que adaptarse a la represión social, lo cual nos lleva a aprender a mentir acerca de nosotros mismos y lo grave de este asunto es que ya de adultos nos mentimos todo el tiempo, aparentando estar bien cuando no lo estamos.
Se le suele llamar responsabilidad a hacer las tareas de la escuela en las cuales no se nos permite cuestionar nada por el hecho de ser pequeños, y los adultos creen que no sabemos nada de la vida y que ellos que sí saben mucho de la vida y sus fracasos; tienen la firme convicción de que si no aprendemos lo que ellos dicen, vamos a fracasar igual como ellos; lo mismo aplica para el éxito. Siempre se nos está enseñando la ruta que otros han recorrido como si fuera la ruta ideal para nosotros, y lo peor de todo es que han hecho ese recorrido sin siquiera hacerse conscientes del camino, y no dejan explorar el propio camino. Toda esa educación es la filosofía del fracaso interior.
En cambio, la prosperidad tiene que ver con el corazón. Nos han vendido la creencia de un tipo de prosperidad que tiene que ver con el generar dinero, con el lograr metas económicas de crecimiento sin importar las consecuencias medioambientales y sociales. Para mí, ser próspero significa conocer lo hermoso que hay dentro de mí. Y todos podemos. Quizás no todos podemos tener una cuenta de banco súper abultada, pero todos podemos ser prósperos en el sentido más profundo. La prosperidad que estás buscando va a surgir cuando abras tu corazón y descubras quién eres realmente.
Nuestro potencial para el éxtasis, cuando somos adultos, se ve obstruido por el dominio de la razón ante el corazón, nos han inculcado hasta el tuétano que el corazón nos hace perder la cabeza y esto no es real.
El corazón nos hace ir más allá de la razón, a un espacio de inteligencia superior donde surge el entendimiento de nuestras emociones, lo que nos hace madurar. La expansión de nuestra inteligencia emocional depende del espacio que le hayamos dado al corazón en nuestra vida.
Desde un corazón abierto surge un tipo de prosperidad, un tipo de abundancia que no necesita de ningún ritual; tiene tal luz que puede nutrir a los que no han descubierto sus regalos internos. ¿Qué mayor regalo de prosperidad quieres para ti que sentirte bien con lo que eres? ¡Totalmente! Alegre, profundamente extasiado con lo que eres, en este momento. Para mí, éste es el significado más profundo de la prosperidad y de la abundancia. Te sientes pleno, no necesitas nada. Lleno con lo que eres en este momento, no importa si tienes un plato de arroz o si tienes caviar. El encuentro interior te permitirá disfrutar ambas, a veces vas a tener un plato de arroz, a veces vas a tener un plato de caviar, pero no puede ser el objetivo de nuestras vidas creer que al tener muchas cosas soy próspero.
El objetivo de nuestras vidas tiene que ser abrir el corazón a las cualidades más profundas que hay dentro nuestro. Dichas cualidades las compartimos todos por alguna extraña razón, sólo que las experimentamos de una manera diferente, porque todos tenemos una percepción distinta.
Tú no percibes el mundo interno de la misma manera que yo, y eso es lo que nos enriquece, es lo bello de compartirnos y crecer juntos en vez de aislarnos, en vez de separarnos, en vez de competir.
Tu percepción es distinta a la mía, entonces la paz que tú encuentres en tu interior –en un sentido- es la misma a la que yo encontré, pero cada uno de nosotros la experimentamos de una forma diferente y esto nutre la consciencia que somos. De ahí que seamos únicos, no hay réplicas.
La sociedad ha querido hacer que seamos todos igualitos, jamás lo logrará; lo que sí ha logrado es crear todo tipo de sustitutos y neurosis para que no descubramos nuestra realidad interna.
Siempre vamos a ser distintos y esto es de una profunda belleza, eso es prosperidad y abundancia.