Por Beatriz Guevara
Terapeuta Adaba, flores de bach /contacto@beatrizguevara.cl

Hablar de protección energética como vimos en la edición anterior, nos obliga a mirar lo que recibimos y lo que percibimos.
La mayor parte de las energías negativas que vibran en nuestra aura y por ende en nuestra alma tienen un origen profundo en nuestras propias emociones, las que en muchas ocasiones no reconocemos como propias, ya sea porque están encriptadas u ocultas en el inconsciente e incluso, en muchas ocasiones pueden venir de vidas pasadas, de hace unos años atrás incalculables.
¿Cómo ocurre esto?
No es la emoción en sí misma la que puede contaminar o entorpecer el sano flujo de nuestro campo, sino que son las huellas que éstas dejan en él. Cada emoción, ya sea negativa o positiva, vibra en su frecuencia respectiva; así las emociones positivas son aquellas ligadas al amor como los afectos, las alegrías, la humildad, la compasión, etc. y en las frecuencias negativas encontraremos las frecuencias bajas venidas del desamor, la soledad, los resentimientos, las envidias, etc.
La energía amor, al ser un flujo sano y positivo la sentimos fluir de manera cálida y armónica, iluminando y sanando ¡todo a su paso!. Las emociones negativas en cambio, se manifiestan rigidaz, se encapsulan y por consiguiente entorpecen los sanos flujos de la vida.
Desde una perspectiva esttructural, la técnica energética Adaba reconoce y opera sobre diferentes huellas, que no son más que estructuras que se han ido formando como una representación física de nuestros malestares emocionales. ¿Por qué ocurre esto? Porque el alma va guardando registros de nuestras experiencias emotivas que se manifiestan de diferentes formas: estructuras sólidas, heridas, bloqueos, entre otras, las cuales son en gran parte responsables de las dificultades que se visualizan en el campo energético.  Tristeza, desamor, sensación de soledad, rabias o cualquier emoción baja que no te permita sentirte plena y en expansión van, poco a poco, mellando nuestra alma, pero lo más clave aún es que muchas veces nos juegan mucho más en contra e interfieren mucho más en nuestros procesos de vida que cualquier energía externa (daños intencionados de otros), pues de las propias energías no sólo no hay escapatoria sino que no hay protección.
¿Cómo podemos superar estas energías negativas que generamos nosotros mismos? Trabajado movimientos profundos de conciencia, poniendo clara atención en nuestros flujos emocionales y hacerles frente para no ser presa de ellos, sólo así nuestra alma se puede desarrollar sana y en paz.
En este sentido, observar conscientemente de dónde proviene cada emoción negativa, cómo resuena en nosotros, qué la gatilla, a qué pensamientos nos lleva o a qué conductas nos moviliza, es un ejercicio casi matriz, que en el día a día nos permitirá ampliar nuestra conciencia previniendo estar a merced de nuestras propias emociones. Como seres humanos conscientes podemos decidir desde qué flujo emocional y desde qué tipo de vibración energética queremos vibrar o queremos irradiar en nuestra alma, una decisión que debemos tomar a cada instante.
Has la prueba y ve cómo puedes mantener tu campo energético sano, fluido y vibrando en amor.

*Adaba: movimiento de la mente profunda.