Seamos ambiciosos ¡ya!

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Por Valentina Gutiérrez
Terapeuta holística
IG :@Vale_terapeuta

Si buscamos el significado de la palabra ambición en la RAE encontraremos dos posibles resultados. El primero está relacionado con el «deseo ardiente de conseguir algo”, sobre todo en el ámbito material; en tanto, el segundo indica «cosa que se desea con vehemencia”, que infiere sed de lograr aquella meta anhelada.
Reflexiono en este concepto porque, por sincronicidades que he vivido, ha surgido en charlas con amigos, en clases y, particularmente, en conversaciones a nivel de país, las constantes comparaciones de nuestra nación con otros territorios del mundo, y parecen surgir mucho más ahora que vivimos una de las etapas más importantes de nuestra democracia.
“¡Como vamos a compararnos con Finlandia!” o “¡Creen que vamos a llegar lejos!” y así…sucesivas frases con un dejo de conformismo provenientes de personas mayores, aparentemente con más experiencia, quienes buscan poner un cable a tierra a ciertos ilusos o fantasiosos que esperan algo mejor.
Pero ¿por qué no aspirar a más?, ¿por qué no ambicionar?, ¿qué chip tenemos arraigado que nos impide imaginar mejores posibilidades personales y sociales?
La respuesta está en nuestras creencias limitantes alojadas en nuestro inconsciente… cómodamente.

Los chilenos crecimos en una sociedad donde aprendimos parámetros rígidos con respecto de conseguir las metas (profesionales, materiales o espirituales), debido a que históricamente, hemos alabado lo precavido, seguro y todo aquello que nos dé certezas.
Si lo trasladamos a los comportamientos frente a nuestros anhelos, nos damos cuenta de que sumamos en forma inconsciente, pretextos o posibles trabas al camino que nos llevaría a conseguirlo. Argumentos comunes tales como «es muy difícil», «falta esto primero para lo otro”, “no puedo, no se me dá”, programan el círculo de frustración en el que muchos viven, sin darse cuenta que por las propias creencias arraigadas cerramos las puertas a las oportunidades, por un exceso de racionalización.
Deseo que lo anterior se no confunda con “no planificar”, siempre es bueno tener un proyecto que ayude a sustentar nuestra meta, aunque factores desfavorables o el miedo, no impidan alcanzar nuestro objetivo, lo que nos hace vibrar de emoción. Por ello, se denomina “ambiciosos” a los proyectos que, aparentemente, sin lógica se ven lejanos o tienen poco sustento racional; y es aquí donde entra el espíritu de la benevolencia para conseguirlos.
Según las leyes de la abundancia del Universo, la mejor forma de ambicionar es pensar en mí en un primer lugar, sin dejar de lado a todos los que también ganarán con mi éxito, pero centrarse primero en una misma. Incluir la sensación de triunfo con seguridad interna, un emoción de expansión o alegría, nos lleva a sintonizar con las mejores energías para llevarlos a cabo y, si a eso le sumas el beneficio colectivo, se ve potenciada la petición que le damos al propósito.
Lo anterior lo podemos empalmar con una de las frases que adquirió fama en el estallido social: “quienes tienen aspiraciones individuales, no entenderán una lucha colectiva”, esto porque solos somos poderosos, pero si a eso agregamos un bien común, ¡nos volvemos invencibles! Por este motivo, Chile se está transformando, porque lentamente hemos ido entendiendo que todos somos uno, que la mejor forma de soñar es hacerlo en comunidad.
Tal como ha pasado en este proceso a nivel de país, también llegarán los pesimistas, los expertos, los miedos, las creencias limitantes que viven en el inconsciente, pero si lo manejamos desde la esperanza con toques de optimismo y bien común, se pueden lograr avances.
Por eso ¡SEAMOS AMBICIOSOS!, empecemos a sintonizar con el objetivo que nos hará felices; vibremos en la más alta frecuencia pidiendo al Universo como si ya hubiésemos recibido lo soñado. Esto significa que nos conectaremos con la energía de nuestra meta desde el corazón: sentiremos la emoción, satisfacción, visualizando en nuestra mente la concreción, porque una vez conectados con la sensación sentida “hecho está” el objetivo.

Recomendaciones para conectar con tu meta
-Elige una meta, luego dibújala o escríbela ritualizando el momento. Toma tu tiempo para desarrollarla, no hay límites (por ejemplo: quiero trabajar en “x” lugar, ganar “x” cantidad de dinero, tener compañeros con tales características, en tal zona etc.)
-Bebe una caña de agua y antes de dormir visualiza en tu mente lo que quieres, conectándote con las sensaciones que te produce. Siente la energía de que ya estás ahí.
-Crea un pequeño altar, quizás tengas un santo o ángel en el que creas y rodéalo de tu intención. Pone monedas en su altar, una vela dorada, oración, etc. Hazlo a tu manera, porque no hay receta para conectarte contigo misma ni con tu intención.
-Recuerda que aquí todo funciona en base a tu corazón, todas las formas son válidas si lo sientes, se manifiesta si lo crees y si lo crees lo puedes CREAR.

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