Por Valeria Solís T.
Periodista, escritora
Directora Mirada Maga

«Voy corriendo en  el viento de mi niñez en ese Lebu tormentoso, y oigo, tan claro, la palabra ‘relámpago’. ‘relámpago relámpago’. Y voy volando en ella, y hasta me enciendo en ella todavía. Las toco, las huelo, las beso a las palabras, las descubro y son mías desde los seis o siete años; mías como esa veta de carbón que resplandece viva en el patio de mi casa».
Menudo hombre era Gonzalo Rojas  (Lebu, Chile, 20 de diciembre de 1916 – Santiago, Chile, 25 de abril de 2011), pero su voz golpeaba hasta las más sutiles vértebras, también lo hacían sus palabras, que desnudaba sin pudor en sus recitales poéticos. Su voz y su palabra trascendieron fronteras, y con todo el respeto académico y de sus pares, recibió destacados premios como el Reina Sofía y el Cervantes desde España, donde solía ir; «Octavio Paz», de México; «José Hernández», de Argentina, y el Premio Nacional de Literatura en Chile (1992)
Sus primeros poemas los publica en el periódico El Tarapacá de Iquique (1936), sin quizá pensar lo que calaría en varias de las generaciones siguientes. Estudió en el Liceo de hombres de Concepción y luego derecho en la Universidad de Chile, carrera que miró de lejos, pues no le convenció, más le hacía sentido ser docente y enseñar a los más desfavorecidos.
Fue hijo de minero y su padre murió cuando él tenía sólo cuatro años, producto de los efectos del gas grisú. Esa dolorosa experiencia, además de la que observaba en el sur de Chile, fueron forjando una de sus motivaciones sociales importantes; por eso no es de extrañar que uno de sus primeros trabajos fue realizar cursos de alfabetización para trabajadores. Una mirada y conciencia social que siempre lo acompañaría e incluso lo llevaría a formar parte del gobierno de Chile en la década del ’70, al ser nombrado agregado cultural en China y en Cuba, durante el gobierno encabezado por Salvador Allende.
En esta línea también se recuerda lo clave que fue ser parte del Departamento de español en la Universidad de Concepción (1952), donde imparte las cátedras de Literatura Chilena y de Teoría Literaria hasta 1970, aunque una década antes organiza un clave encuentro literario que reúne a escritores americanos: incluso se llega a decir que, desde ese rincón de bosques del sur, se cimienta el boom de la literatura latinoamericana. Se llamó el Primer Encuentro de Escritores Americanos. y a él asistieron Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, Ernesto Sabato, Nicanor Parra (que este 5 de septiembre cumplió lúcidos 100 años de vida), Luis Oyarzún y Volodia Teitelboim. Dos años se repite la jornada, y asisten Mario Benedetti, Augusto Roa Bastos y Carlos Fuentes.

Poeta maduro
Antes de 1948, su acercamiento a lo literario se traducía principalmente desde la docencia o desde los círculos de conversación. Fue en 1938 cuando forma parte del grupo «La Mandrágora», círculo literario al que pertenecía Eduardo Anguita, Teófilo Cid, Jorge Cáceres, Enrique Gómez Correa y Braulio Arenas, que se considera de tendencia surrealista; sin embargo, él mismo cuestiona esa lógica en más de alguna entrevista, pues lo consideraba sutilmente afrancesado.
En la revista Piel de Leopardo (1994) dice de Mandrágora: «Mirado desde ahora, desde lejos, fue tal vez el proyecto común de reencontrar los grandes ejes de Chile. No ya los del siglo XIX porque nosotros no éramos criollistas, ni teníamos proyectos de vuelta hacia atrás -y eso fue malo por un lado-; pero había un propósito de búsqueda de lo genuino, de la autenticidad. Los ‘Mandrágora’ no tienen más importancia que la de haber pensado en una especie de salida de los chilenos hacia afuera, con bastante audacia y a la sombra de Huidobro, ésa es la verdad. Sin Huidobro ese grupo no habría funcionado». Y agrega una idea lúcida para cualquier creador : «creo que La Mandrágora aportó una cosa clara: el rigor verdadero en la responsabilidad de escribir, es decir, nada de improvisación, nada de iluminaciones súbitas. Había que leer, leer, leer. Recuerdo a Teófilo, a Gómez, también a Cáceres; leyendo insaciablemente en la Biblioteca Nacional, horas y horas en un tiempo en que había pocos libros en Chile».
Rojas se identifica con la generación de 1938, con una mayor conciencia crítica del lenguaje. Lo antecedía la generación de grandes e influyentes voces en el mundo: Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral.
La Premio Nobel diría de uno de sus libros: «… me ha tornado mucho, me ha removido, y a cada paso, admirado, y a trechos me deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original, de lo realmente inédito. Déme algún tiempo para masticar esta materia preciosa…»
Su actividad literaria se concentró en la etapa de madurez. Entre 1948 y 1977 publicó tres libros: «La miseria del hombre» (1948), «Contra la muerte» (1964) y «Oscuro» (1977), títulos que revelan el tono existencial de su propuesta inicial, pues posteriormente quedan grabadas sus temáticas sobre el amor y el erotismo, la vitalidad  y lo gravitante de la vida y la muerte.
Cuentan que el poeta coleccionaba conchitas prehistóricas, espejos chinos y chanchitos de Quinchamalí. y en una entrevista que le hiciera el periodista Enrique Ramirez Capello en Caracas se relata lo siguiente: «En su departamento hay muebles españoles del siglo XIX, un Cristo de mimbre, arpilleras y un pulcro archivo de recortes». fue una entrevista que surgió tras la publicación de Oscuro, que incluía 120 textos; «Oscuro -le explicaría Rojas a Ramírez- consta de tres partes: ‘Entre el sentido y el sonido’, ‘¿Qué se ama cuando se ama?’ y ‘Los días van tan rápido’ «.
¿Qué hacía en 1977 Gonzalo Rojas en Caracas? Si bien desde niño su sino fue el deambular entre ciudades o pueblos, de adulto después de ser agregado cultural en China y en Cuba no pudo regresar a Chile. Era 1973 y se había generado el golpe militar: Rojas tenía prohibida la entrada. Viajó entonces a Berlín Oriental y posteriormente a Venezuela, donde tras recibir una beca Guggenheim, le permitieron volver a Chile. Era 1979.

Cama china en Chillán
El primer semestre del año 2010 una editorial independiente había logrado publicar una antología de Gonzalo Rojas con un último poeta inédito. La cita pública sería en el Centro Cultural de España. Rojas ya se veía cansado, le costaba caminar y hablar en voz alta, sin embargo fue, y fue con el espíritu que muchos le reconocieron en cientos de charlas y recitales de poesía que dio en Ferias de libros, bibliotecas públicas, recintos urbanos. Faltaba poco para que nos dejara y sin embargo, estaba ahí.

su casa museo de Chillán

Rojas tenía un hijo que llevaba su mismo nombre, y la madre de ese hijo fue su gran amor: Hilda Ortiz Veas, conocida como Hilda May, quien fuera su alumna en la Universidad de Concepción, pero cuya relación de amor se gestaría años después, en París (1959) Era un hombre de 60 años y compartió con ella casi por 30, hasta que Hilda fallece (1995) Esa cama china con espejos que había comprado en Beijing en 1971, era testigo del amor que compartieron, por eso nunca la quiso mover de su lugar, de la casa de Chillán, y ahí durmió hasta que sufrió un derrame cerebral que lo obligó a estar en Santiago. Tenía 93 años, y murió el 25 de abril de 2011. Recibió honores del pueblo y del gobierno en el museo de Bellas Artes de Santiago, antes de volver a su guarida de colores de Chillán.
«Ese es justamente mi juego y mi limitación y casi mi ritmo-asfixia, eso de no alcanzar. De no darle a la caza alcance. Y tal vez por eso haya ese tono de búsqueda, búsqueda, búsqueda infinita y ese estar golpeando, golpeando kafkianamente a una puerta muy difícil y muy alta, muy dura, muy impenetrable, muy sin respuesta. Sin embargo está ahí y de algún modo –sorda y todo- te dice realidad, te dice realidad».

El Legado, sus palabras

    • La miseria del hombre (1948)
    • Contra la muerte (1964)
    • Oscuro (1977)
    • Transtierro (1979)
    • Críptico y otros Poemas (1980)
    • Antología breve (1980)
    • Del relámpago (1981)
    • 50 Poemas (1982)
    • El alumbrado (1986)
    • El alumbrado y otros poemas (1987)
    • Materia de testamento (1988)
  • Antología personal (1988)
  • Esquizotexto texto y otros poemas (1988)
  • Desocupado lector (1990)
  • Zumbido (1991)
  • Antología de aire (1991)
  • Las hermosas. Poesías de amor (1992)
  • Cinco Visiones (1992)
  • Am Grund von alledem schlaeft ein Pferd (1993)
  • Carta a Huidobro y Morbo y Aura del mal (1994)
  • La miseria del hombre (1995)
  • Río Turbio (1996)
  • 80 veces nadie (1997)
  • Obra selecta (1997)
  • Tres Poemas (1998)
  • Diálogo con Ovidio (1999)
  • Metamorfosis de lo mismo (2000)
  • ¿Qué se ama cuando se ama? (2000)
  • Velocities of the possible (2000)
  • Requiem de la mariposa (2001)
  • Hombre es baile, mujer es igualmente baile (2001)
  • Antología poética (2001)
  • Al silencio (2002)
  • La palabra placer y otros poemas (2002)
  • Del ocio sagrado (2002)
  • No haya corrupción (2003)
  • Poesía esencial (2003)
  • L’illuminè (2003)
  • Inconcluso (2003)
  • Concierto; antología poética (2004)
  • La reniñez (2004)
  • Latín y Jazz (2004)
  • La voz de Gonzalo Rojas (2004)
  • Poemas selectos (2004)
  • Del loco amor (2004)
  • Mot Doeden = Contra la muerte (2005)
  • XXI por egipcio (2005)
  • From the Lightning. Selected Poems (2005)
  • La misere de l’homme (2005)
  • Man Ray hizo la foto (2005)
  • Das Haus aus Luft (2005)
  • Las sílabas (2006)
  • Poesía Esencial (2006)
  • Esquizo (2007)
  • Del Agua (2007)
  • Con arrimo y sin arrimo (2010).