Por Marcela Contreras
Terapeuta holística / facilitadora método Integra/ mcterapeuta@gmail.com

Para iniciar este año quiero detenerme en una persona a quien conozco muy bien y de quien puedo afirmar que realmente es muy feliz. Esa persona soy yo.
Si miro para atrás en el tiempo, recuerdo haber visto la vida con alegría y placidez, desde siempre. Esto no significa que estuvo exenta de tristezas o dolor, pero eran emociones pasajeras; la felicidad siempre volvió a mi vida. Por este motivo siempre me ha apasionado profundizar en este tema, sobre todo cuando escucho decir que la felicidad son sólo “momentos de alegría”, pero no un estado permanente.
Según mi experiencia puedo afirmar que la felicidad es una emoción de naturaleza permanente, pero para lograr experimentarlo de esa manera, es necesario tener un nivel de vibración alto, creencias constructivas y un buen manejo de las emociones, todo lo cual se puede sintetizar en tener un buen nivel de conciencia.
Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre ser feliz y estar feliz? En el primer caso, la felicidad emana desde el interior, es un estado de plenitud, satisfacción y equilibrio personal, eso nos permite que cuando pasan cosas externas se disfrutan con mayor intensidad y los eventos desagradables no nos empañan la vida. En cambio, cuando “estás feliz”, ésta viene sólo desde afuera, por razones externas como por ejemplo, poder comprar la casa soñada, estar con la persona amada o que nuestro hijo tenga una graduación con honores Sin embargo, lo que llega desde afuera no es realmente felicidad, es placer, satisfacción. Y como tal es efímero. ¿Qué problema hay en que sea efímero?  La respuesta es que cuando ya no contamos con ese estímulo exterior que nos provoca “felicidad”  nos sentimos frustrados o tristes.
En mi experiencia como Coach y Terapeuta, he podido detectar algunas causas que no permiten experimentar la felicidad plena:
1. No vivir en el presente: Ya sea si estás enganchado con el pasado puede ser el camino seguro hacia la depresión o si te centras exgeradamente en el futuro, permanecerás siempre preocupado o ansioso de lo que eventualmente ocurrirá. Sólo viviendo en el presente logras vivir en paz y felicidad.
2. Emociones atrapadas: Las experiencias del día a día activan en nosotros un sinfín de emociones que deben ser asimiladas oportunamente;  el no hacerlo, que es algo que ocurre conmúnmente, nos lleva a interiorizar la energía de dicha emoción, buena o mala, y queda atrapada en nuestras células.
3. Bloqueos emocionales: A lo largo de la vida acumulamos en nuestras células un gran número de problemas emocionales, pendientes de resolver. Sin darnos cuenta vamos almacenando nuestro dolor, impotencia, frustración, en definitiva, todo tipo de bloqueos emocionales, lo cual nos conduce a sufrir innecesariamente.
4.Traumas: El origen de los traumas está en sucesos estresantes que vivimos y que somos incapaces de digerir por lo int4enso o inesperado. El resultado es una especie de escudo energético que protege nuestro corazón del sufrimiento que encontraríamos si viviéramos con intensidad los avatares del día a día.
Sea cual sea el motivo de no poder conseguir la felicidad como un estado permanente, se puede tratar de conocerlo y vivenciarlo. Si no lo consigues por tus medios, puedes pedir ayuda para facilitar tu proceso.

¡Te deseo la máxima felicidad este 2018!