Por Patricia Andrade
Periodista y Escritora

Su suicidio a los 30 años de edad la convirtió en un mito y en el emblema de la mujer que quiere vivir en libertad, pero termina aplastada por el machismo y las obligaciones que se le asignaban al rol femenino. La estadounidense Sylvia Plath (1932-1963), quien aspiraba a ser la única poetisa en el mundo, feliz de ser mujer, dejó una obra sobrecogedora, deslumbrante y de profunda calidad literaria.
Hace 55 años, el 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath abrió el gas de su cocina londinense mientras sus dos hijos pequeños, Nicholas y Frieda, dormían en la habitación contigua, que ella se preocupó de bloquear con toallas mojadas para no tocarlos… Pasaba un difícil momento emocional, agudizado por la separación de su marido, el poeta inglés Ted Hughes.
Tras su muerte, su figura se levantó como mártir de los movimientos feministas, pero también, y por suerte, surgió el interés por su obra, la mayoría de la cual fue editada en forma póstuma. En vida, solo alcanzó a publicar un libro: El Coloso (1960), un conjunto de poemas que ya había visto la luz en revistas de literatura y que pese a ser bien recibido por la crítica, se le  calificó como el más convencional de sus obras, porque no tiene la carga dramática de las posteriores. Un mes antes de su muerte publicó la novela semi autobiográfica La campana de cristal, pero utilizó un seudónimo: Victoria Lucas con el propósito de no contrariar a su madre, y considerada como un clásico del siglo XX.
La escritora tuvo una extensa producción que incluye una obra para radio, literatura infantil, docenas de cuentos cortos, un extenso diario de vida y numerosas cartas y crónicas periodísticas.
Dos años después de su muerte se publicó un segundo libro de poesía: Ariel que incluye algunos poemas escritos durante la semana anterior a su suicidio y que fueron encontrados por Hughes encima de su escritorio, y en 1982, fue la primera poeta en ganar un premio Pulitzer póstumo por Poemas Completos (The Collected Poems).

El comienzo
Sylvia Plath nació en Boston y era hija de Otto Plath, un profesor universitario especializado en entomología que murió a los 55 años, cuando la poetisa tenía ocho, a causa de complicaciones de una diabetes no tratada. Su madre Aurelia Schober, veinte años menor que su marido, profesora de inglés y alemán, renunció a su carrera para tener lo que ella llamaba “un hogar feliz”, pero todo cambiaría tras la muerte.
-Mi madre mató al único hombre que me habría querido toda la vida: un día llegó con lágrimas dignas y me dijo que mi padre se había ido para siempre. Por eso la odio. escribió Plath dando a entender la compleja relación que tuvo siempre con su madre.

Edición original

Con la muerte de su marido, Aurelia se vuelca por completo al trabajo y sus hijos Sylvia y Warren, pasan la mayor parte de su infancia al cuidado de sus abuelos maternos. Alguna vez, la poeta escribió que su madre no lloró la muerte del marido, lo que habría causado un gran impacto en su personalidad, ya que la obligó, pese a su fragilidad, a buscar contención, el auto dominio. Plath recurre al tono confesional en su obra y no tiene reparos en exhibir sus sentimientos, su complicado mundo psíquico y también su sexualidad.
Sylvia Plath despliega sus talentos a temprana edad. Con solo ocho años publicó su primer poema en el Boston Herald, tenía excelentes notas, tocaba el piano y a los 18 años y gracias al logro de tres becas, ingresó al Smith College. En esa época publica sus poemas con relativo éxito y es ganadora de un concurso de relatos de la revista Mademoiselle, lo que significó una pasantía de un mes en Nueva York. Sin embargo, a su regreso se entera de que no fue aceptada en un curso de creación literaria en Harvard, hecho que la deprime y desestabiliza.
Querías tiempo para pensar, para descubrir cosas sobre ti misma y sobre tu capacidad como escritora. Y ahora que lo tienes, prácticamente durante casi tres meses te has quedado paralizada, presa de la náusea, estancada. Estás hundida en tu pequeño y privado remolino de negativismo. Tu cerebro es incapaz de pensar, escribe en su diario.
En esa época tuvo un intento de suicidio, era agosto de 1953, tras avisar que daría un paseo se enceró en el sótano y tomó pastillas para dormir; algo que ya había ocurrido antes cuando intentó cortarse las piernas. Esta vez fue encontrada con vida dos días después e internada en el hospital Mac Clean para la aplicación de electroshock e insulina. En la prensa local se publicó su desaparición, mientras ella se encontraba moribunda en el sótano.

Su obra cumbre
Ese año de experiencia y vivencias en un centro psiquiátrico es la base de su novela La campana de cristal, donde narra la vida de Esther Greenwood, una mujer de 19 años que pugna por adaptarse en un mundo con el cual no se identifica. Esta novela fue considerada un manifiesto del feminismo, porque Plath da cuenta de temas que en años posteriores se convertirían en la bandera de lucha del movimiento, así por ejemplo su protagonista se debate en la elección de toda mujer de esa época: someterse al modelo convencional de femineidad, es decir ser esposa y madre, lo que implica anularse como individuo, o seguir una carrera profesional y asumir la soledad.
En la punta de cada rama, como un grueso higo morado, me hacía señas y me llamaba un futuro maravilloso. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era una famosa poeta y otro higo era una brillante profesora y otro higo era E Ge, la asombrosa editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica… Esa problemática existencial, esa contradicción sociocultural, corroe a la Plath, quien mientras sueña ser la mejor poeta del mundo, también anhela fervientemente casarse y tener una familia.
“Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies. Inspiré profundamente y escuché el antiguo estribillo de mi corazón. Yo soy, yo soy, yo soy”.

Junto con sus hijos Frieda y Nicholas

El amor y Matrimonio
Luego de aquel complejo momento personal, Plath se graduó con los más altos honores y obtuvo una beca Fullbright, que le permitió ingresar en la Universidad de Cambridge, donde continuó escribiendo poesía, además  ocasionalmente publicaba su trabajo en el periódico universitario Varsity.
Fue en Cambridge donde conoce al poeta inglés Ted Hughes con quien formaría una familia.
Me besó violentamente en la boca y me arrancó la cinta del pelo, mi pañuelo rojo del pelo que había soportado el sol y mucho amor y no volveré a encontrar otro igual, y mis pendientes de plata preferidos: ja, continuaré, rugió. Y me besó el cuello y yo le mordí fuerte la mejilla y cuando salimos de la habitación la sangre le caía por la cara, escribió sobre su primer encuentro.

Sylvia y Ted, ambos destacados poetas.

Sylvia Plath se enamora de Hughes y el 16 de junio de 1956 contraen matrimonio. En 1960 nace Frieda y dos años después a Nicholas Hughes Plath. Ambos hijos se convertirían en artistas, pero no de un pasar fácil. Nicholas pasó muchos años de su vida como profesor de Ciencias del Mar en la Universidad de Fairbanks, Alaska, no tuvo hijos ni se casó, y el 16 de marzo de 2009, muere ahorcándose tras pasar varios años luchando contra un cuadrobipolar maniaco depresivo. Por su parte, Frieda es pintora, escritora y columnista de la prensa británica.

Pero el matrimonio dura sólo 6 años y Hughes se va con su amante, la también poeta Assia Wevill. Dramáticamente, en un acto que se enraíza con el fin de Sylvia, en 1969, Assia junto a su hija de cuatro años Shura Hughes también se suicida, abriendo la llave de gas de su horno. Se sentía rechazada y desplazada por el mismo hombre.

Una precursora
La vida y la obra de Plath han interesado no sólo a sus lectores y durante los años posteriores a su muerte, estuvo centrado por ahondar en su depresión y suicidio más que el conocimiento y valoración de su obra. Incluso, el psicólogo James C. Kaufman, acuñó el término Sylvia Plath effect, una especie de síndrome autodestructivo al que serían más susceptibles las mujeres poetas, en una conclusión que a todas luces posee un negativo sesgo de género.
Si en los años `70 predominaban las interpretaciones personales y siquiátricas de su obra y vida, en los `80 y `90 prevalecieron los estudios de enfoque de género y feminista.En este sentido, se la consideró como adelantada al describir una sociedad donde imperan (hasta hoy) los estereotipos, al hablar del posicionamiento de la mujer frente a la maternidad y hacer públicas sus contradicciones entre lo que deseaba y se esperaba de ella socialmente.
Simultáneamente se alzó como símbolo de la mujer oprimida, victimizada, primero por su padre y luego por su esposo, quien a la muerte de Plath fue su albacea. En esta posición, Hughes fue acusado de controlar las publicaciones de su mujer en un intento de limpiar su imagen, aunque él adujo que era para proteger a sus hijos. Este control incluyó por ejemplo una versión del poemario Ariel, donde no respetó el orden que le había dado la autora; la desaparición de los dos últimos volúmenes de sus memorias y de la novela Doble Exposición. De esta última, solo se sabe que era autobiográfica y que la “doble exposición” se refería a la doble personalidad de un hombre…
Las acusaciones virulentas contra Hughes (muere en 1998 por un cáncer) acusándolo de maltrato y de causar el suicidio de Sylvia se mantuvieron durante muchos años e incluso la lápida de la tumba de Plath en West Yorkshire, Inglaterra, fue atacada varias veces para eliminar el apellido Hughes.
En el año 2004, años después de la muerte de su padre, Frieda Hughes Plath publicó una nueva edición de Ariel, donde sí respetó el sentido original e incluyó además algunos de los borradores escritos por su autora. La posición de la hija de los poetas fue defender a su padre de los ataques y criticar a las feministas por utilizar la memoria de su madre.
Sylvia Plath murió demasiado joven, pero nos dejó un cuerpo de escritura de altísima calidad literaria, que bien vale la pena rescatar, reconocer, relevar, pues además nos permite reflexionar sobre cómo las mujeres viven la contradicción entre su vida personal y pública.

Obra Poética
El coloso (1960)
Ariel (1965)
Cruzando el agua (1971)
Tres mujeres (1968)
Árboles de invierno (1971)
Poemas completos (1981)

Prosa
La campana de cristal (1963)
Cartas a casa (1975).
Johnny Panic y la Biblia de sueños (1977)
Los Diarios de Sylvia Plath (1982)
The Magic Mirror (1989). Tesis para Smith College.
The Unabridged Journals of Sylvia Plath (2000)

Literatura Infantil
The Bed Book (1976)
The It-Doesn’t-Matter-Suit (1996)
Collected Children’s Stories (2001)
Mrs. Cherry’s Kitchen (2001)