Por Pilar Godoy Cortez
Artista e investigadora del oficio textil y sus comunidades
Pertenece al colectivo Nido Textil
www.nidotextil.com
pgodoycortez@gmail.com

*Texto realizado en conjunto con la artista textil e investigadora Paulina Brugnoli Bailoni

Cuando manipulamos elementos textiles transitamos a un estado de introspección, de descubrimiento de nosotras mismas en diálogo constante con el entorno, con las personas, con los lugares, con los seres vivos, quienes nos permiten ir creando comunidad.
Cada vez que entrelazamos un hilo o elegimos un color, tocamos una textura, olemos una fibra, vamos manufacturando nuestras emociones, dolorosas y felices, para ir llevándolas a un plano más amplio de nuestra experiencia, de nuestra transformación que nos favorece en una mutua reciprocidad con quienes nos rodean.
La actividad textil es tan cercana y humilde que puede llevarse a cabo en lugares muy diversos, y puede llegar a constituir un lenguaje más allá de sí mismo, nos da identidad; nos hace recordar un tiempo de vida, de otro ritmo que nos permite sintonizar hacia una escala orgánica.
Rescatar un tiempo de vida, que es lo único que realmente tenemos, nos conduce a realizar esta práctica que nos permite profundizar en los momentos más oscuros y transformarlos en artefactos que comunican libertad, alegría y fe.