Un acercamiento a la dimensión de los ángeles

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Por Valeria Solís T.
Periodista y Escritora / @SolisTapia

Hace cinco años, en medio de una meditación, sentí la necesidad de conectar con mi eventual angel guardián, aquel que habia escuchado en testimonios religiosos o místicos que nos acompañaba desde el nacimiento. Incrédula partí por lo más simple. Mentalmente le pregunté cómo se llamaba. Vacié mi mente y me puse en actitud profundamente receptiva, dispuesta a un toque, una voz, un aroma, una temperatura.  Estaba en posición de loto sobre mi cama. Tenía los ojos cerrados, pero todos mis sentidos alerta. A los minutos al frente mío sentí un cambio de temperatura, levemente más cálido. Sabía que ya no estaba sola (en realidad uno nunca lo está, pero era estar consciente de aquello) y me dispuse a preguntar nuevamente el nombre. Se me vino al a mente la miel. luego el color y la textura de la miel, y entre bromas dije en voz alta, ¿te llamas miel? ¿miel?. Cerré la sesión sin nigún estruendo ni nada sobrenatural que me respondiera: sí, este es mi nombre. Es que el mundo espiritual, concreto, se manifiesta de manera certera, pero sutil, real, pero invisible e ahí su belleza o al menos, la que yo he podido vivenciar.

IMG_20160731_130818Pasó un año, nuevamente me vino la inquietud por conectar con «mi ángel», compré entonces un mazo de cartas de ángeles. Encontré lindas las imágenes y claras como para adentrarme en sus mensajes. Pero no reparé en un detalle hasta que llegué a mi casa y las puse sobre mi cama. La carta que aparecía en la cajita de cartas era de un arcángel. Se llamaba Amiel. Se me pararon los pelos, me emocioné.

Históricamente los primeros relatos que mencionan a los ángeles aparecen en la tradición judía a la que siguió el cristianismo y el islám y, si bien, en general existen muchas similitudes en cuanto a la clasificación e interpretación jerárquica de estos seres de luz, cada religión ha puesto énfasis en unos aspectos más que otros o bien, los ha llenado de «adornos» que pueden prestar a confusión.

Este artículo, en virtud de la experiencia, no es un tratado angélico, sino más bien un acercamiento a una de las categorías de estos seres de luz: los árcangeles, pues también existirían serafines, querubines, tronos, principados,  virtudes, dominaciones, potestades, siendo los ángeles los más masivamente conocidos. Pero, ¿qué es lo clave de considerar?, que estaríamos frente a una rama de energía de luz cuya misión es proteger la evolución planetaria con todos los seres que habitan en ella.

Arcángel: etimológicamente viene del griego y significa «ángel jefe». Son parte de la jerarquía de los mensajeros de la Fuente, de la creación. Su función es iluminar, guiar y proteger a los seres humanos. En este sentido, están a cargo de llevar los decretos divinos y de ayudar en todo lo que relacione el esfuerzo de los hombres. Serían los intermediarios más importantes entre los seres humanos y la Fuente (Dios). Atienden las áreas de los esfuerzos humanos. Un arcángel recibe, usualmente, una tarea de importancia para la humanidad.

Si bien son seres de Luz que habitan en un plano de energía más elevado, sin embargo, pueden entrar en contacto con nuestra realidad material para desarrollar su función de guía y protección. Como eventualmente ellos conocen nuestra misión de vida, nos pueden ayudar a desarrollar los genuinos propósitos de alma que traemos en esta experiencia humana.

Arcángeles:

arcangel-miguelMiguel: El que es como Dios. Custodia el norte, la noche, el invierno. Guardían del reino espiritual, la paz, la armonía, la cooperación. En antiguos escritos se indica que en la lucha de los hijos de las luz contra los hijos de las tinieblas, Miguel ´Micael , fue nombrado el principe de la luz por ser quien condujo las huestes angélicas. la espada simboliza la llegada de la luz y por tanto la justicia divina. Por esta cualidad es quien puede proteger y guíar frente a energías oscuras. Al innvocarlo, puedes imaginar una luz azul envolviéndote desde la cabeza a los pies.

Rafael: Curado por Dios. Custodia el oeste, el atardecer, el otoño. Es guardían del reino físico, la salud, la sanación, la transformación. En hebrero «rapha» significa sanador, médico. Su energía está relacionada con el crecimiento y la transformación. Por esta razón es quien ayuda a regenerar las células y los tejidos. Se puede invocar como terapeuta para permitir ayudar a sanar a otro.

Gabriel: Hombre de Dios. custodia el sur, el mediodía, la primavera. Es guardián del reino emocional, la creatividad, las artes, las relaciones. es el anunciador o revelador de hechos por ocurrir, no sólo es mencionado en la religión cristiana con la anunciación a la virgen maría ,sino también se plantea que fue él quien le habria revelado el Corán a Mahoma. Gabriel es el arcángel del amor, protege la unión de las personas, protege las nuevas ideas y el amor elevado. Por esta cualidad es quien ayuda a comprender y sentir la amplitud del amor ma nifiesto en todas sus formas.

Uriel: Luz o fuego de Dios. custodia el este, el amanecer, el verano. Es guardián del reino mental, la política, la ciencia. Es el intérprete de juicios y profecías, custodia el conocimiento que permitar el desarrollo y mejoramiento de la vida planetaria. Su presencia se manifiesta en grupos de trabajo. Si se desea que el trabajo que se espera desarrollar tenga sabiduría, iluminación y se vuelva sagrada, es importante invocar la presencia de Uriel.

Los cuatro arcángeles Rafael, Gabriel, Uriel, Miguel son custodios de los cuatro elementos de la naturaleza: Tierra, Agua, Aire y Fuego respectivamente. Así, al contectar con estos arcángeles se les puede socilitar ayuda para armonizar el aspecto y cuerpo humano que lo requiera, ¿cómo?

Para sanar el cuerpo físico nos conectamos con nuestra tierra y conectamos con el arcángel Rafael; nuestro cuerpo emocional,Rafael conectamos con nuestra agua y pedimos la asistencia del arcángel Gabriel; nuestro cuerpo mental, conectamos con nuestro aire y pedimos la asistencia de Uriel; nuestro cuerpo espiritual, nos centramos en nuestro fuego y pedimos la asistencia de Miguel.

Amiel: Representa lo nuevo, cambios hacia caminos poco conocidos e inexplorados. Ayuda a la flexibilidad.

Metratron: Representa la fuerza y la grandeza, es el gran maestro. Es mencionado en escrituras antiguas del judaísmo y es llamado el escriba de Dios. Habría sido humano, cualidad que le permite ayudar a otros en el momento de trasnformación entre la vida y la muerte. Se le considera también el guardián de los registros akáshicos.

Zadiel: Su nombre procede del hebreo y significa «procurar la justicia». Es el guardián del ordenamiento divino. Es el guardián del gran culto de consagración de muchas órdenes místicas, pues el conocedor de las las leyes eternas. su principal tarea consiste en transmitir al mundo la verdad divina en el desarrollo del alma humana, se vincula con la fuerza transformadora del rayo violeta.