Por Claudia Mardones R.
Periodista

Pobreza, racismo y violencia intrafamiliar golpearon a esta artista afroamericana; a pesar de ello, el sufrimiento jamás la detuvo. Sus dolorosas experiencias la impulsaron a participar en los movimientos pro derechos civiles de su comunidad, un hecho que, sin embargo, fracturó su carrera.
Eunice ofreció su primer recital de piano a los 11 años, en la biblioteca de su pueblo rural, Tyron, Carolina del Norte (EE.UU). Sus padres estaban en primera fila para oír los progresos de las lecciones de música, el dominio de autores clásicos y los himnos gospel, que con dedicación le habían mostrado en sus primeros años, pero el matrimonio fue obligado a ceder sus asientos a una pareja de blancos. Al ver esta situación, la niña se negó a tocar hasta que sus padres volvieran a sus puestos. Su decidido carácter ya comenzaba a dejar huella en la audiencia.
Imposible olvidarla, rebelde, orgullosa, incisiva…
Esa niña, Eunice Kathleen Waymon (1933-2003), más adelante adoptaría el nombre de Nina Simone, en honor a la escritora francesa Simone de Beauvoir, pero entre otras cosas, lo hizo para poder trabajar a escondidas de su madre.
Nina, tuvo el privilegio de vivir en un hogar rodeado de música, con padres que siempre la apoyaron para desarrollar este talento innato, algo que también observó una mujer blanca del pueblo, quien le ofrecería costearle un año de clases particulares con Muriel Massinovitch, una profesora local. La maestra se concentró sólo en los compositores de música clásica. Eunice progresaba. Y era feliz. Con el tiempo esa habilidad musical se transformaría en una vocación, cuyo norte siempre sería convertirse en la primera intérprete de piano afroamericana. Así, contó con el apoyo de su profesora, quien recaudó fondos, para que la estudiante de Tyron, completara su educación musical.
Si uno revisa la historia, irónicamente, las ayudas monetarias y pedagógicas vinieron de mujeres de raza blanca, un tema que sería clave en su adultez, dichos recursos pavimentarían el camino de una de las artistas y compositoras más influyentes del mundo, algo totalmente opuesto a lo que sucedía en su país, donde negros y mujeres eran los principales focos de discriminación. Ella tuvo a su lado a dos visionarias.

Sueños rotos
A los 21 años audicionó para ingresar al mejor conservatorio del país: Curtis Institute of Music en Filadelfia, el cual becaba en su totalidad a los alumnos. Nina no fue una de ellas: “fui rechazada por ser negra”, afirmaba cada vez que alguien se refería al tema; sin embargo, ingresó a la Juilliard School en Nueva York, pero que tuvo que abandonar por falta de dinero.
Para mantener a su familia, trabajó en bares tocando el piano por dos horas con una pausa de 15 minutos, solo para tomar un vaso de leche. Hasta que uno de los dueños le sugirió cantar, de lo contrario sería despedida. Aunque Nina Simone desconocía el poder de su voz (contralto profunda), su capacidad interpretativa y los innovadores arreglos que efectuaba a las canciones populares, apoyándose en su entrenamiento clásico, no demoró mucho en descubrirse transitando por el jazz, blues, gospel, rhythm and blues, soul, folk y canciones protestas.
Atrás quedaría la concertista en piano para dar paso a la “gran sacerdotisa del soul”, un apodo que la acompañó hasta sus últimos días.
Durante 1957 lanzó su primer disco, al cual llamó “Little girl blue”. Ahí aparecería el single “I love you Porgy” de George Gershwin, que no sólo la sacó del anonimato sino que además logró vender un millón de copias en su país (una hazaña que desgraciadamente, nunca volvería a repetir).
En pleno auge de su carrera, se casó con el sargento de la División de narcóticos de New York, Andrew Stroud, quien manejó la carrera de la cantante en medio de la violencia y el abuso.

Black Pride
Las decepciones fueron forjando los vaivenes de su temperamento, pues si bien tenía un carácter fuerte, que no la dejaron muda frente a la agitación social de los ’60, en términos personales no podía defenderse de la misma manera. Con una historia personal donde la discriminación marcaría sus actos, encabezó la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, adoptando la ideología del “Black Pride” (Orgullo Negro). Fue en este período cuando surgieron sus canciones políticas, su preferencia por los vestidos africanos llenos de color, los grandes accesorios y el cabello corto rizado con los cuales muchos la recuerdan.
Para ella, la libertad era “no tener miedo”, mientras que el rol de un artista debía ser el reflejo de su época.
Algunos de sus temas fueron verdaderos estandartes para quienes defendían a las mujeres afroamericanas (“Four women” y “To be young, gifted and black”); en tanto otros rechazaban los actos violentistas en contra de su comunidad (“Mississippi goddam”). Pero de a poco también se hizo notar con sus arranques en el escenario, descargaba su ira contra el piano o el público. En una marcha, su voz se quebró a tal punto, que no pudo volver a su registro original.
Su fuerte compromiso político, descolocó a la industria de la música y muchas radios dejaron de emitir sus singles ni tampoco era contratada para futuros shows. Tras el asesinato del reverendo Martin Luther King -a quien dedicó el tema “Why (The king of love is dead?)”- la cantante partió a Liberia, porque ya no soportaba el racismo de su país.
Durante el autoexilio fue feliz hasta que la falta de dinero la obligó a emigrar de nuevo, esta vez a Europa, para retomar su carrera. Aunque el público tenía en mente el carisma avasallador de la artista, ya era tarde para revivirlo, porque la inseguridad y los problemas emocionales dirigían su vida. Sobrevivió cantando en clubes nocturnos de París, hasta que un amigo la encontró en precarias condiciones, sin dinero, violenta, confundida. Estos últimos rasgos eran también producto de una bipolaridad no diagnosticada en tiempos en que las enfermedades mentales eran vistas como otro elemento de discriminación, todas eran locuras por igual.
Volvió a los escenarios con un concierto en el Montreux Palace, en Suiza (1976) para después seguir con tours mostrando sus nuevos discos, de los cuales varias canciones fueron parte de bandas sonoras de películas o comerciales.
Nina muere en 2003 diagnosticada de un cáncer al pecho. Días antes le pediría a su hija que ojalá el mundo no la olvidara. ¿A qué se refería?, ¿cómo artista o luchadora por causas sociales? Quien sabe, solo esa niña que aprendió a los tres años tocar el órgano de a oídas podría juntar las piezas de este puzzle llamado Nina Simone.