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Con Cora Díaz en la teleserie «¿Te conté?»

Por Valeria Solís T.

Con un jovialidad admirable y una carrera conocida masivamente a través de la televisión, la actriz Marcela Medel desde hace varios años que colorea su vida entre dos aguas, la actuación en teatro y televisión (hoy es parte del elenco de «Volver a Amar», de TVN), como también en talleres de sanación orientados al autoconocimiento y el despliegue de las propias habilidades creativas.

Madre de una profesional de la sicología (Camila), conoció al actor Samuel Villarroel en los sets de televisión cuando ambos actuaban para la teleserie «La gran mentira». Era 1982 y ése sería el comienzo de un camino de pareja que crece hasta hoy.

Cuenta que desde siempre se inclinó al mundo artístico, desde sus primeros pasos en talleres de ballet hasta el teatro, el cual descubrió a los 11 años.

“Cuando descubrí lo que era el teatro, nunca lo dejé de hacer. Yo estudié de kinder a cuarto medio en el Manuel de Salas, y existía la escuela de cultura y difusión artística de Ñuñoa, que era maravillosa. Yo hacía danza y mi profe me planteó que ya podría entrar a estudiar al Teatro Municipal, pero en esa misma época descubrí que en la sala de al lado lo pasaban súper bien, se reían y me puse a escuchar pegada a la puerta; la profe me pilló, fue bien planchoso, pero me hizo pasar y vi esa clase que me encantó y seguí ahí hasta que salí del colegio. Entonces tenía claro que lo primero que haría sería entrar a estudiar teatro a la Universidad de Chile”.

¿Y partes desde un comienzo haciendo teatro, o te llama la atención la televisión?

– Rápidamente me tentaron con participar en televisión, pero dije que no, porque ya había visto a varios compañeros que habían entrado a la televisión y después no volvían, y yo quería terminar bien mi carrera. El teatro es fundamental para mí, es la madre de todo actor, desde ahí puedes hacer todo lo demás. Pese a que mi formación fue en dictadura, fue bien sólida.

¿Por el mismo contexto social y que hubiera dictadura en esos años, te llamaba la atención hacer un teatro
mas contestatario?

– De partida, cuando yo estaba en la Escuela formaba parte de un movimiento que había surgido en la Universidad de Chile, que era la ACU, (Agrupación Cultural Universitaria); de ahí surgen varios artistas como «Santiago del Nuevo Extremo», «Schwenke y Nilo»… La escuela de teatro de la Escuela de Medicina fue un movimiento muy importante que surge como contestatario a la dictadura y justamente por eso mismo formé parte de una compañía de teatro que era de Ana María Palma, pero que dirigía el actor Alejandro Castillo; estrenamos en una sala del Teatro Municipal una obra del dramaturgo Egon Wolff que se llamaba “José”. Esa fue mi primera obra como profesional. Pero de ahí me vio la Sonia Fuchs de TVN quien estaba armando el área dramática del canal, y de ahí no paré en la actuación. En mi carrera de actriz he hecho más televisión que teatro, porque empecé al tiro también.

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Junto a Alex Zisis en la obra de Juan Radrigán «El ceremonial del macho cabrío».

¿Pero fue una opción debido a la falta de tiempo que genera la televisión?

– Claro, la verdad es que cuando he hecho teatro y televisión al mismo tiempo lo he pasado pésimo, porque la televisión es muy absorbente, entonces cuando hago televisión trato de que no me tope con una obra.

Afortunadamente, desde hace dos años atrás que he hecho dos montajes súper entretenidos. Primero fue “El ceremonial del macho cabrío”, una obra de Juan Radrigán y en mayo de este año fuimos con la obra a un festival en Costa Rica, fue muy, muy bonito. Y en septiembre del año pasado también fui parte de la obra “Las Suplicantes” que se presentó en la Villa Grimaldi y en dos ocasiones en el Museo de la Memoria. La dirigió Pedro Vicuña, es una tragedia griega que estuvo enfocada en el tema de los detenidos desaparecidos; trabajamos con mujeres de la agrupación, entre ellas Anita González, y ella estaba presente en toda la obra, «Las Suplicantes» habla de las mujeres que piden que vayan a buscar los cuerpos de los muertos… Fue uno de los montajes donde tuvimos más público, mil y tantas personas que vieron la obra y hacerlo en la Villa misma, fue impactante, súper fuerte. Para el 2015, estamos invitados a dar la obra al Teatro Nacional de México.

¿Y te han dado ganas de levantar un proyecto teatral desde tu propia mirada?

– Con Paula Sharim, que somos muy amigas, tenemos la idea de activar temas de mujeres; llevamos años en eso, pero todavía no lo hemos encontrado. Se que en algún momento ese proyecto va a salir, pero no se ha dado todavía. No me llama la atención formar mi propia compañía, pero sí trabajar en esos temas.

¿Con Samuel has hecho algún proyecto teatral?

– Sí, hicimos un experimento súper entretenido que lo dirigía Pepe Secall, se llamaba “Hoy, Juliette”, que se escribió para hacer intervenciones. Lo hicimos una vez en La Habana vieja, que era una salsoteca: estaba la Grimanesa Jiménez, Amaya Forch… Era un grupito chico. Entonces entre medio de las mesas aparecía yo con la Grima conversando con teléfonos inalámbricos y la gente no entendía nada, entre medio la Amaya cantaba. Fue una experiencia muy bonita, y ahí Samuel fue asistente de dirección; pero actuando los dos en teatro, nunca. Es algo que nos debemos.

Con el actor Samuel Villarroel, su pareja por más de 30 años.

¿A Samuel lo conociste en la época de la universidad?

– No, somos de generaciones distintas y además el estudió en la escuela de teatro de la Universidad de Valparaíso. Nos conocimos en la tele, haciendo la teleserie “La gran mentira”, que fue mi segunda teleserie.

¿Y qué es para ti la actuación en televisión?

– La verdad es que para mí la actuación es fascinante. El teatro es una emoción indescriptible, única, y actuar en televisión también es una emoción muy especial, tienes que estar muy afinado como actor, porque todo es muy rápido. Tienes que cambiar de emoción de una escena a otra. Tienes que estar totalmente alerta.

En teatro hay una larga etapa de ensayos que en televisión no se da…

– Claro, en teatro hay un proceso. En televisión ensayas una vez y empiezas a grabar, por ejemplo en la teleserie en que estoy ahora (“Volver a amar”), que afortunadamente la ve mucha gente, una de las razones que dicen los expertos del porqué nos va bien, es porque los actores que estamos ahí tenemos experiencia. Hay una energía muy bonita que se da entre nosotros como equipo. Como hoy se mide mucho en plata, la verdad es que creo que se ahorra mucho cuando hay un buen equipo, una buena sinergia.

¿No le temes al encasillamiento de ciertos personajes de televisión?

– Sí y no.

¿Cuál es la riqueza que has encontrado en los personajes que te han tocado?

– Más que los personajes son las situaciones que son más interesantes. Los personajes son más lineales que en el teatro, donde son más complejos y hay más construcciones. Aquí te tiran al escenario, con cuatro o cinco señas, entonces te apropias de una persona.

En los últimos años han surgido nuevas producciones en televisión que son del formato de series, que han llamado mucho la atención ¿Te gustaría haber formado parte de ellas? 

– Claro que sí, pero ocurre que todavía son muy pocas las producciones y es difícil entrar, con lo bien que les ha ido a esas producciones debieran haber muchas más, pero tengo mucha confianza con lo que vendrá con la televisión digital, porque se va a diversificar y van a haber muchas más posibilidades de hacer ese tipo de producciones. Estoy muy tranquila, porque a una le llega lo que le tiene que llegar y de repente llegan buenos guiones y de repente no, no más. Por otro lado, la televisión pública me atrae mucho, siento que desde ahí se puede hacer mucho.

Autoconocimiento y mandalas

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Hoy realiza un nuevo tipo de taller: «Astromandaluna».

Paralelamente, te has dedicado a hacer talleres de sanación…

– Tengo que grabar hasta septiembre, pero los días miércoles tengo el taller con una amiga, Silvana Pezoa, que se llama “Astromandaluna”; es nuestro segundo tipo de taller que organizamos, donde la idea es que cada persona pueda entender su propia carta astral, y donde Silvana sabe mucho.

Pero entiendo que los talleres surgen mucho antes.

– ¡Claro! Yo trabajo con Silvana en una idea que le pusimos mandaluna (www.mandaluna.org), que es el nombre del primer taller que hicimos y que estaba dirigido a mujeres. Se trataba de bordar mandalas y la persona que va bordando habla de las cuatro fases de la luna y de arquetipos femeninos. Hicimos unos talleres muy lindos; algunos en Santiago, y otros en regiones.

¿Y cómo se desarrolla este tipo de taller?

– El propósito es que no sean más de 12 mujeres, porque la idea es que se puedan compartir las ideas, y que vayan saliendo cosas a medida que la persona va bordando; y ojo que no es necesario saber bordar, pero la gente lo intenta igual y salen temas preciosos, sobre todo con los arquetipos femeninos. Algunos talleres fueron muy íntimos. Un día hicimos un taller en Temuco para mujeres que estaban organizadas a través de Chile Barrio, en un barrio muy estigmatizado. Al principio nos dio mucho susto hacer los mandalas bordados, porque era un grupo muy grande de mujeres, eran 50, entonces lo hicimos de otro tipo de mandalas vinculado con la naturaleza. Al final despertó en ellas algo tan especial que nos pidieron ir de nuevo al año siguiente y fuimos. ¡Imagínate 50 mujeres bordando!, fue muy lindo.

¿Y cómo surge este otro tipo de taller con la carta astral?

– Es que nos dimos cuenta que la carta astral es un mandala, que había que mirarla desde ahí. Entonces organizamos 12 sesiones, con 12 mujeres. Ha sido súper interesante, porque entender la carta astral es lejos lo más difícil, pero ha sido muy entretenido. Entremedio trabajamos otros mandalas también, pero ahora que haremos la séptima sesión, le diremos que pinten su carta con acuarela.

¿La idea es que aprendan a hacer cartas astrales, o sólo leer su carta?

– Es que aprendan y conozcan su propia carta astral.

¿Y harán próximamente otro taller ?

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«La idea es que con cualquiera de esas herramientas te conecten contigo mismo, y cuando eso ocurre, te vas sanando, porque ya sabes qué es lo que te duele en el alma».

– Tenemos que ir evaluando, porque si te das cuenta son tres meses y la gente no tiene mucho tiempo para sí mismo, y debes dar tiempo para este tipo de cosas.

¿Qué es lo que te motiva?, ¿cuál es tu motor para dedicarte a estos talleres?

– Los talleres que hacemos con la Silvana están dirigidos al auto conocimiento, en reconocerse en una cosa propia y específicamente en el tema del mandala personal que vas construyendo con tu vida. Desde septiembre en adelante haré otros talleres con Samuel, pero eso va por una línea de coaching.

¿Y en qué consiste?

– Es un taller muy interesante con sicólogos y siquiatras del PRAIS de la cuarta región, quienes son profesionales que trabajan con personas que han sido torturadas. Ha sido muy lindo hacer ese trabajo, porque con Samuel hemos podido experimentar lo que más nos gusta hacer. Por ejemplo, en cada sesión se trabaja con algún instrumento de percepción que tenga que ver con lo artístico, imágenes, música, mandalas, pinturas. En este tipo de taller con personas que es dúctil para recibir y soltarse, cuando nos toca con otro tipo de personas quizá tenemos que partir con cosas más básicas, pero igual los conectamos con la auto percepción, de permitirles entrar en lo propio. Hay muchas personas que si siquiera se preguntan quiénes son y cuando entramos “a picar”, ahí se provoca algo, porque les faltaba eso: «se echaban de menos a sí mismos».

¿Qué esperas de este trabajo vinculado al autoconocimiento?

– Lo que más me importa es el tema de cómo uno puede llegar a la gente, no solo desde el teatro, sino de algo artístico, que en el fondo es la belleza, tu propia belleza, porque no es necesario saber actuar, saber pintar; todos tenemos un potencial creativo. La idea es que con cualquiera de esas herramientas te conecten contigo mismo, y cuando eso ocurre, te vas sanando, porque ya sabes qué es lo que te duele en el alma. Es como despertar esa conciencia, la conciencia del ser único y maravilloso que soy yo, y a partir de eso poder exigirle a este mundo, que a veces es tan terrible: “respétenme, aquí estoy yo”.