Fue en un viaje al salar de Uyuin en Bolivia, cuando esta diseñadora de vestuario comprendió que las explanadas sutiles, los majestuosos  paisajes la conectaban con algo más que un dibujo: la conectaban con una cultura, con un arte tan específico como el arte japonés Sumi-e. Investigó, probó, aprendió, expuso en conjunto y no dudó en seguir probando y conéctandose con una arte lleno de aprendizajes. En efecto, no se trataba sólo de saber pintar a la usanza japonesa, describiendo las cuatro estaciones del año, sino implicaba la paciencia, la quietud, el estar alineada antes de mezclar las tintas con el papel de arroz, porque su proceso y delicadeza no permiten la brusquedad de un trazo.

la artista Fabiola DiazAsí, Fabiola Diaz, con 6 años dedicada a la investigación y práctica del arte Sumi-e se propuso otro desafío: el mundo ancestral y particularmente el de Isla de Pascua. La fascinación por sus símbolos, su historia y sus misterios la hicieron pensar por qué no unir ambas culturas: una daría el motivo y el otro la técnica. Pero los misterios se enredaron en su creación, y a poco andar se enteró que desde la Isla habían regalado un Moai a Japón, a partir del desastre del Tsunami de marzo del 2011, como una forma de honrar la tierra herida.

Con toda esta sincronía de motivaciones, el 25 de febrero pasado la artista concluyó una exposición donde desplegó 15 obras de arte Sumi-e con motivos propios de Japón como de Isla de Pascua, una muestra en el Jardín Japonés de La Serena que concitó la expectación de decenas de personas, tras espontáneas intervenciones artistícas. Así, las obras afirmadas en un soporte movible de color blanco y negro (ying y yang), fue complementado con el sonido de cuencos tibetanos y cuencos con tinta, que la misma artista empleaba para pintar frente a los visitantes, como también la intervención de cantos de la Isla interpretados por un pascuense de la zona, quien también hacía cuerpos pintados con símbolos propios de su tierra. Sin duda, una experiencia artística, que trascendió los muros y estimuló los sentidos de los espectadores.

Mirada Maga conversó con la artista para conocer su historia, proyectos y motivaciones.

Tú partes como diseñadora de vestuario, ¿cómo llegas a las artes visuales?

-Claro, es que la búsqueda del lenguaje partió desde lo textil. Siempre me llamaron la atención las texturas, los estampados, pero siempre también, quería fusionar. Paralelamente me gustaba mucho el dibujo y buscar elementos por ese lado. Y un día hice un viaje al salar de Uyuin (Bolivia) y me di cuenta que lo oriental, y en particular el dibujo japonés. era lo que buscaba y sentí que tenía que ponerme las pilas y buscar un lugar para perfeccionarme en arte japonés. Yo ya había salido de la escuela.

¿Pero antes de eso tuviste un acercamiento al dibujo?
-Sí, siempre me gustaron los diseños ancestrales, lo de las etnias, pascuense, mapuche, todo lo precolombino. Me interesaba la conexión con culturas que tuvieran una identidad, yo ahora estoy en el rescate de la unión de la cultura japonesa y Rapa Nui, pero después también quiero hacer otras cosas, creo que el rescate de lo mapuche será el siguiente paso.

cuencos¿Y qué pasó en ese salar?
-Allá hay muchos paisajes estilo zen y además tuve acercamientos con la pintura, entonces decidí perfeccionarme, y cuando llegué a Santiago me fui al Instituto chileno-japonés, que quedaba a pasos de donde llegué a vivir; se dio todo para poder aprender esta técnica (risas).

Lo que me llama la atención es que es un arte muy específico para no tener una previa en dibujos similares, no partiste del óleo ni la acuarela.
-Antes había experimentado en talleres de figura humana, y también de visual, y fue ahi donde recibí información, una pincelada, del arte sumi-e, me hablaron de los cuatro caballeros de este arte, que representan las estaciones del año.

¿Y qué pasó después?
-Empecé a mezclar cosas de diseño, ver si las podía estampar, viendo técnicas nuevas de estampado y ver cómo funcionaban estos dibujos.

¿Qué te movió este arte, fue algo más que aprender una técnica?
-Es que la diferencia de el arte Sumi-e con otra, es que en el fondo, te conecta con algo más profundo, por el solo hecho de que uno tiene que emplear tinta en barra y esté el suzuri  (tintero en japonés) que es una piedra, todo el tiempo que se demora en derretir la barra es un tiempo que uno tiene para calmarse, para alinearse antes de partir. Mientras elaboras la tinta tienes tiempo para visualizar el papel blanco y lanzarse después en el dibujo.

¿Cómo se elabora este arte, no es un trazado fácil?
-El material primoridal es el papel de arroz, que es muy delgado. Cuando uno tiene más técnica el agua se desliza más rápido, hay fluidez y espontaneidad, y se absorbe al tiro, pero cuando uno está partiendo, ocurre todo lo contrario, se te rompe el papel, se te cae una gota gigante de tinta que te mancha todo, porque cuando uno hace un trazo todo se nota, no es como el óleo que puedes retocarlo, acá cuando se retoca se necesita mucho tiempo ( semanas) y además se va a notar que lo hiciste.

Desde mi ignorancia, suelo ver imágenes recurrentes en este tipo de arte, ciertos animales y naturaleza, ¿es así10408766_10153974651339267_3652549730464877860_n
-Puede ser de todo, pero cuando comienzas practicando hay una base oriental y además está lo que te decía antes de los tiempos de la naturaleza (los cuatro caballeros),  los cuales están representados por algunas plantas como el bambú y después incluyes cosas que te nazcan a ti. Con más práctica puedes contar historias, yo presento relatos. Por otro lado, en el uso de la técnica incorporé leche, en el fondo es como arroz con leche, que al secarse, con la grasa de la leche, genera un efecto de difusión. Esto es una técnica muy antigua, de hecho partió en grupos muy pequeños de China y Japón, incluso los monjes tibetanos la empleaban como forma de meditación. Entonces mi idea ha sido rescatar todas estas técnicas milenarias y fusionarlas con otras cosas, incluso he utilizando acrílico, acuarela o he puesto hasta láminas de oro y de plata para modernizarlos.

El sincretismo…
-Exacto, es rescatar y poner lo de acá, pero también te das cuenta que toda esa información milenaria está dentro tuyo…tanto los japoneses como los isleños tienen muy presente la introspección, el hecho de mirar y conectar con la naturaleza; practicar la contemplación y lo que recibes de esa contemplación, expresarlo. Ésa es la base del Sumi-e: vivir el instante. En mi obra uno ve que hay algunas con más tiempo en su creación que otras y eso es por el secado, hay algunas que demoran hasta un mes, o lo de los moais, porque voy incorpando nuevos simbolos, y se demora en secar las distintas capas. Además la obra hay que empastarla, porque el papel de arroz se arruga al ser tan delgado, entonces aplico una técnica de estiramiento y secado.

Paciencia, dedicación, concentración…
-Sí, sí, porque a veces en el empaste se suele romper el papel, es necesario hacerlo con mucha delicadeza, hasta el último minuto uno tiene que estar muy, muy tranquila.

Si bien partiste hace 6 años desarrollando este arte, ¿cuándo muestras tus primeros trabajos?
-La primera vez fue con mis compañeros de estudio en una exposición chiquitita, pero después se provocó un cambio cuando empecé a exponer en forma individual y a participar en concursos.

Grullas_en el aguaY ahí ganaste un premio…
-Sí, en Francia, hicieron una convocatoria para artistas que hicieran trabajo desde Chile, la muestra se hizo allá…, en mi caso se han dado las cosas al revés, yo esperando que pase algo acá en Chile y las cartas de presentación me las dan de afuera (risas), pero bueno, eso me ha permitido levantar exposiciones como la del año pasado en el patio Bellavista, y ahora en el Jardín Japonés de La Serena o en una clínica, donde hay 6 obras mías en una colectiva que dura hasta abril.

El soporte que empleas tampoco es tradicional, porque son con módulos…
-(risas) Se generó una estructura con asesoría de una arquitecta, porque desde el comienzo lo pensé como itinerancia, y generalmente en los espacios públicos no hay muchas paredes, y la mejor solución fueron puertas…¡ 7 puertas de verdad! y estas puertas se pueden ir modulando de acuerdo con el espacio.

¿Cómo se generaron las intervenciones de arte en vivo en tu última exposición?

-Para la inauguración se había pensado en hacer algo especial y se sumó el tema de los cuencos  (interpretados por Rodrigo Salas Zuleta) que son de vidrio y con esa misma agua hago trazos en el papel. Además se integró Moa, un pascuense que llegó hace cuatro meses a La Serena. Nos conocimos en el Museo de allá, donde también hay un moai, y él muestra su cultura tocando uquelele, pintando takona (pintura para rituales, festejos) a una amiga que fue el lienzo viviente, y a veces cantos tipicos. La gente quedó hipnotizado. Lo que hicimos fue un viaje sensorial de colores, pintura y musica.

moai con pukao regalo (1024x589)¿Cómo fue el incorporar elementos de Rapa Nui?
-Cuando hice la primera exposición donde aparecía un moai, me comentan sobre esta relación con japón y surgió mi inquietud por saber más y averiguar qué había pasado realmente: este moai lo regalaron los isleños a Japón para que se ubicara en Minamisanriku, donde fue el maremoto. Entonces ahí integré más cosas de la naturaleza.

La verdad es que siempre me ha gustado lo ancestral, pero lo pascuenses siempre, ¡siempre me removió todo!, me llamaba la atención que fuera una isla, que tuvieran muchos símbolos, que hubiera moais, y lo que más me estremeció fue la tablilla parlante, porque ahí hay un mensaje hermético para la humanidad, y no sólo para mí, ¡nadie sabe lo que ahí dice!, pero cuando estás mirando las tablillas y las dibujas, de alguna manera te conectas con toda esa energía, y te impregnas de ella, te haces parte de eso. Cuando fui a la Isla aprendí mucho, fue maravilloso, pero cuando empecé a dibujarlo se me provocó una fascinación que tengo hasta el día de hoy, así es que quizás esté haciendo esto por mucho más tiempo, porque además veo cada vez más detalles que antes no veía.

Hiciste también souvenires ¿cómo surgió eso?
-Le pregunte a una señora pascuense antes de poner cosas iconográficas en cosas útiles como tazas, toallas, poleras, y ella me dijo que si uno ve recurrentemente algo, lo recuerda y lo integra, entonces si bien también consideré que hay que tener delicadeza con ciertos dibujos, ellos no sientes que sea algo profano, porque se trata de empoderarse de la identidad de la Isla y llevarlo al cotidiano.

¿Etapa dos?
-Tenemos que decantar un poco todo lo que pasó en La Serena, pero la idea es seguir recorriendo, quizá a Santiago, pero tenemos que ver un buen lugar que permita lo multidisciplinario también.( Más información en www.improntta.cl / improntta.design@gmail.com)

Imágenes sobre intervenciones artísticas a partir de exposición en Jardín Japonés de La Serena.