Por Jorge “Chino” Navarrete
Comediante / Psicólogo/ charlas motivacionales
chinonavarrete@gmail.com

En medio de una nueva noche oscura del alma que me arrecia, he decidido un compromiso conmigo mismo, irrevocable y trascendente. Compromiso obligado por las circunstancias, principalmente por los aprendizajes que la VIDA me ha ido entregando, los cuales subyacen a mi proceso experiencial consciente, y que me van dando un sentido coherente, con altos niveles de seguridad, pese a estar transitando por territorios de sombra y oscuridad, que aún me atemorizan, atormentan. Sin embargo, los considero como una necesidad de mi proceso, el que me lleva a concluir que esto está sucediendo para hacer consciente la urgente decisión, de comprometerme en qué mundo seguiré construyendo mi realidad.
Hay dos posibilidades de MUNDO entre las cuales debo elegir: la primera y la más conocida para nuestra amada especie, es la que he llamado el “mundo de lo que no es”, el cual nace en cada uno de nuestros albergues transitorios o mentes unipersonales, donde caben ilusiones, percepciones, auto-engaños, verdades, realidades e irrealidades, todas en la condición de verdades, también unipersonales, lo que hace, finalmente, que cada cual construya su propio Universo según el determinismo estructural de cada uno, dado por las múltiples y diversas variables que intervienen en el proceso de cada persona, y por supuesto muy distinto el de uno y otro.
Lo anterior provoca que nuestra mente esté ilusoriamente viendo un Universo dividido, fragmentado y, a veces, ¡descuartizado!, seguramente por el reduccionismo que el ser humano genera en su devenir al estudiar e investigar el resto de las piezas que componen este Todo Magnificente llamado Cosmos.
Piezas, que deben su funcionamiento, sin lugar a dudas, a la relación o acoplamiento estructural que existe entre todos los sistemas y sub-sistemas que cohabitamos en esta gran Totalidad, que al ser una Gran Consciencia  sincroniza en forma perfecta todos estos sistemas y sub-sistemas. ¿Y qué se les exige a cambio?,  sólo una pulcra armonía con el Todo, para que se les permita recibir la mayor fuerza a la cual puede optar cada cual. Esto es la fuerza sinérgica, es decir, la que determina que la suma del Todo unido en permanente retroalimentación, ¡es muchísimo mayor que la de todas las piezas sumadas por separado!
Podemos darnos cuenta lo verdaderamente ilusoria que es la visión que nosotros tenemos de esta gran Unidad cuando la vemos separada en partes: “no podrás cortar una flor sin que se perturbe una estrella”.
Otra de las razones de vernos y sentirnos divididos es que en el devenir de los tiempos de nuestra humanidad se ha provocado equívocamente, el individualismo o egocentrismo, que hoy, en su nivel más exacerbado, podríamos llamar síndrome egomaniaco. ¿En que se traduce esto? En la búsqueda individual del poder, lo que ha densificado el grado de sombra y oscuridad.
Por otro lado está la energía sutil, noble, de alta vibración, con la que se comunican todos los demás sistemas y que al pasar por nuestra especie toma el nombre de Amor Incondicional o Biología del Amor. Sin embargo, es muy difícil de vivenciar, porque cada cual superpone los intereses personales, restándole validez al estado más puro de energía que nos debiese estar comunicando, uniendo y, a la vez, haciéndonos comprender cuál es nuestra misión en esta Totalidad.
Algo que nos cuesta mucho entender por tener arraigados los vacíos o represiones de la energía Madre, vacíos de miedo, que significan la ausencia de ese Amor Constitutivo. Estos vacíos se generan principalmente en nuestra infancia al ser negados, violentados, vulnerados, consciente o inconscientemente, por nuestras figuras de referencia. Estos vacíos provocan un escenario donde el infante queda llorando en el camino…, pidiendo su rescate y salir de ese contexto de ausencia de amor incondicional e inclusivo. Lo puede hacer de las más diversas formas y esas impactan en nuestro cuerpo (o computador biológico), y en todas las formas relacionales existentes: con uno mismo, con el otro, lo otro, y el infinito.
Es aquí donde el ser humano degenera el mundo verdadero y va creando un mundo de ilusiones, las cuales han tomado una fuerte identidad al usar esa fuerza común basada en este sentir llamada miedo, y así hemos ido arrastrado el lastre de la muerte, los demonios, las enfermedades, los defectos de carácter, las adicciones o dioses falsos etc.etc.etc., y de paso, nos han ido alejando de nuestra esencia de perfección, la cual nos es inherente; es la que nos permitiría estar siendo, en forma natural como sería nuestra creación a imagen y semejanza de lo DIVINO.
Por lo anteriormente expuesto, he tomado sin esperar un momento más, la honorable, irrevocable y trascendente decisión de continuar construyendo mi realidad en la segunda posibilidad que me otorga mi libre albedrío, la cual al final del día termina siendo la única posibilidad verdadera de coexistir en perfección, y bajo los protocolos eternos de la VIDA: el mundo del SER o el mundo verdadero de lo que está SIENDO, es decir, el otro reino que coexiste en forma natural y consciente, bajo acoplamientos estructurales armónicos, los que se producen desde la más noble relación de Amor, con uno mismo, con los demás y con el Infinito.
Sin temor a equivocarme, porque las pruebas las tengo en mi propio proceso, el anteponer el valor al temor permite que mis ojos comiencen a ver, mis oídos a escuchar y mi cuerpo a sentir lo que verdaderamente logra en cada presente esta UNIDAD DIVINA, Todapoderosa, magnificente, armónica y sincrónica.
Entre las miles y miles de situaciones que podemos apelar en cada presente están: la conjunción y relación de los astros en el Cosmos, que el día se vaya convirtiendo en noche, en pequeños ciclos en conjunción con el sol, la luna y las estrellas; que el influjo de la luna provoque el bamboleo de las olas del mar; que la briza que nos acaricia el rostro, tome el polen de una flor y lo traslade a otra para que ésta pueda continuar su proceso de polinización; que un gusanito de invierno se encierre en una capuchita y dentro de ella viva la metamorfosis más increíble y en primavera salga transformado en un ser alado, que junto a sus iguales formen un festival de colores como los más bellos dibujos pintados en el cielo azul de esa bella estación del año; que la maravillosa vegetación tome los dos tercios de veneno por molécula de oxígeno y los purifique cada vez que nuestra especie lo exhala; que los ciclos de día y noche nos permitan un nuevo amanecer para darme cuenta, quién es verdaderamente el que abre los ojos cada mañana, hasta que, así, en cada descubrimiento o recuerdo iniciemos el regreso a casa, a la integración hacia la consciencia cósmica, nuestro verdadero hogar, donde no hay dolor, llanto ni todas las formas de morir.
Hoy escribo desde el cielo de mi VIDA.