A propósito de «El agente Topo»

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Por Valentina Gutiérrez
Terapeuta holística IG :@Vale_terapeuta

«El agente Topo» es un documental (cineasta Maite Alberdi), que actualmente está generando intercambio de opiniones entre quienes han tenido la valentía de haberla visto, lo digo porque no es fácil adentrarse voluntariamente a una historia que sabes que tocará tu fibra emocional o que tiene la chance de sacarte una lágrima. Efectivamente, es inquietante, especialmente porque se infiltra en la privacidad de un grupo de abuelos de un asilo de ancianos para mostrar verdades incómodas, que en el día a día, evitamos ver al estar tan abstraídos en nuestras rutinas.
A medida que te vas adentrando en la historia recibimos baños de dulzura, sinceridad y cursilería muy bien logrados. Sin grandes pretensiones, el filme logra el objetivo de hacernos pensar en nuestros padres o abuelos, al menos, los veinte minutos de terminada la película e incluso por más tiempo. También nos enlaza con el presente, ya que al espectador solo le importa la situación actual de los residentes del lugar, que estos estén bien atendidos, sin importar como fue que llegaron ahí.
A la vez, la situación de Sergio, el protagonista, es de un testigo objetivo de lo que ocurre en el lugar. Él tampoco hace mayores juicios de la historia de cada personaje más bien comprende, oye desde su vereda lo que tienen que contar y aporta en lo que está a su alcance para hacer sentir mejor a sus octogenarios congéneres. Por una hora treinta minutos todos logramos unirnos entendiendo que es lo más importante para los adultos mayores: sentirse escuchados y queridos sin resentimientos.
Desde un punto de vista transgeneracional, la decisión de cuidar de nuestros padres o abuelos en la tercera edad es el camino donde se cruzan reflexiones existenciales, sanación de heridas emocionales y mezclas de sentimientos inexplicables. No todos los hijos tienen la valentía de “hacerse cargo” de un viaje que trae repercusiones, que pueden llevar a cuestionamientos de crianza o revelación de verdades poco agradables. Tal como es el asilo, atrás de una reja o lejos de nuestra conciencia guardamos aquellos rencores de infancia y traumas que ni siquiera habíamos advertido bajo nuestro piloto automático.
Porque duele, igual que un proceso terapéutico, enfrentarse a la franqueza de la realidad misma; ir descubriendo cómo nos comportamos, que estamos equivocados o que simplemente lo hemos hecho mal es un choque, pero la vida nos da diferentes oportunidades para ir remediando nuestra historia y parte de ese proceso puede ser la chance de curar nuestros lazos familiares a través del cuidado de nuestros padres o abuelos. Esto lo veo como una profunda sanación de los vínculos desde el acto mismo. En el perdón o conocimiento de sus miedos, historias o vivencias está el poder para ir comprendiendo nuestro propio camino.
Conectar con las memorias de ellos permite que información importante salga a la luz de nuestra conciencia y tal como la película se nos puede revelar una realidad que no hemos querido ver. Patrones de comportamiento, actitudes o cualidades positivas pueden ser vistas para ir aceptando a nuestros familiares libres de juicios, entendiendo que todo como un trabajo de reconciliación con uno mismo y el sistema familiar.
También quiero agregar que es válido, hasta comprensible, apartar del corazón a los padres, muchos optan por no acercarse más debido a sus complejas historias, pero es sumamente necesario entender que si hay pendientes con ellos seguiremos arrastrando conflictos con la vida. Puede ser difícil ir hacia un futuro pleno cargando con algún tema relacionado con ellos porque recordemos que los padres son nuestro vínculo más estrecho, por orden jerárquico nos han entregado la vida y ante eso solo queda honrarlos o aceptarlos.
Abrámonos a recibir lo último que nos quieren entregar en este plano, recibamos esta experiencia con gratitud por el bien de nosotros y de todo nuestro clan; tomemos esas últimas fuerzas de memorias de nuestros adultos mayores haciéndonos cargo del proceso de acompañamiento, sea cual sea la forma en que lo decidamos. No importa la manera, siempre que ellos se sientan acompañados y queridos.