Attack on titan: Saltar los muros y descubrir las trampas

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Por Valentina Gutiérrez
Terapeuta holística IG :@Vale_terapeuta

El año 2013 se estrenó uno de los animés más reveladores del último tiempo. En efecto, la historia de Attack on tittan tocó la fibra de muchos fanáticos de la animación y otros que no eran asiduos a este tipo de arte.
Bajo un argumento sólido, vamos conociendo un mundo que vive detrás de grandes muros para protegerse del ataque de los gigantes come hombres, los cuales devoran sin piedad y destruyen todo a su paso. El protagonista es Eren Jeagger, quien busca liberar a su pueblo no sólo de un confinamiento forzado, si no de las grandes mentiras, injusticias y estructuras sociales. En una sociedad donde los bienes son cada vez más escasos, se nos presenta un mundo donde los privilegios de las clases acomodadas van quedando en evidencia a medida que avanzas los capítulos. Así, bajo una monarquía mediocre, notamos a una sociedad asustada enfocada en un gran problema que aparentemente es muy importante: Los titanes, pero que finalmente nos damos cuenta sirven para esconder las verdaderas intrigas de la sociedad, pues, más allá de los grandes muros que protegen a los humanos, existe el pueblo Eldiano, libre a nivel económico, político, social y por sobre todo mental. Vemos que Eren Jeagger, obsesionado por matar a todos los titanes para liberar a su pueblo, cruza los muros junto al grupo de exploración, sin imaginar que estaba inserto en una gran mentira, había mayores complejidades.
Ahora bien, si hacemos un paralelo con la historia de nuestra humanidad, podríamos decir que los titanes son simplemente las dificultades que no nos dejan ir más allá de lo que vemos. Los muros representan la zona de confort que hemos adquirido colectivamente y que nos impiden cuestionar; y la ciudad protegida representaría el mundo que se contenta con la información que aparentemente nos “hace bien” para seguir nuestras vidas conforme a lo aprendido. A esto me refiero con la información proveniente del mundo religioso y espiritual que manejamos hasta el día de hoy y que pocos se atreven a cuestionar.
Aunque vivimos en una sociedad no exenta de grandes problemas, estamos hipnotizados por la cultura espiritual que hoy se ha insertado en la sociedad. Conforme pasa el tiempo se puede ver que los conocimientos místicos se ponen de moda, dando paso a que muchas personas aprendan métodos y se dediquen a ayudar a otros, entregando su fe a las llamadas ciencias holísticas.
Pero…
¿Que pasaría si descubrimos que lo que sabemos del mundo espiritual también está manipulado?, ¿si al saltar del mundo vemos otra realidad?
Por ejemplo, la información nos dice que debemos vibrar alto para mantenernos “bien”, muchos coinciden en hablar y creer en maestros o seres de luz que nos guían, o que venimos de algún “más allá”, o que somos seres en constante evolución. ¿Y si eso nunca ha sido así?, ¿qué pasa si descubrimos que todo ha sido parte de una gran manipulación? El paso sería descubrir la falsa espiritualidad en la que varios hemos caído. Hemos creído en reencarnaciones, energía reiki, ángeles o ritos que elevan nuestra vibración, todo eso nos distrae creyendo que afuera de nosotros está el poder. Sin darnos cuenta que el poder siempre ha sido de nosotros y que somos perfección. Nos dijeron que afuera del ser humano residía algo que nos llenaba de luz, que nos guiaba si nos encomendamos a la virgen, Buda, a santos o maestros ascendidos. Esta característica tan propia de las religiones, nos lleva a pararnos desde la vereda de la necesidad y no de la acción.
Como terrícola lo único que debe importarme es llevar bien mi vida, ser feliz creyendo en mi propio poder. Basta de creer que soy polvo de estrellas viviendo una experiencia humana para aprender, porque en el constante aprendizaje seguimos siendo manipulados y adoctrinados.
Puede sonar pesimista, egoísta, pero siento que la trampa de la “nueva era” es dejarnos guiar por nuevos conocimientos sin cuestionarlos, sin chequearlos por nosotras mismas.Es fundamental el empoderamiento humano, como ser terrenal que vive en el aquí y en el ahora. De lo único que yo puedo hacerme responsable es de mi sentir, de mi forma de ver el mundo, de mi valentía para seguir enfrentando las olas de la vida.
Si cada ser humano se preocupara honestamente de su bienestar conectaría con su ser interior, su propio dios, y se percibiría como creador de su realidad. Si cada persona se centra en sí misma puede lograr empatizar con otros para crear verdaderas relaciones que movilicen intenciones, intenciones en eso que sin duda podemos sentir: en el poder que tenemos viviendo conectados como seres humanos físicos y energéticos.
La invitación es a cuestionar la conexión que sentimos, hacia donde va enfocada la energía. Preguntarnos de dónde viene o hacia qué lugar va la mía. Entender que el llamado “mundo espiritual” ¡también tiene sus trampas!, por lo que debemos aprender a discriminar. No todo es tan bueno como se nos ha dicho, pues parte de «el discurso» nos sigue llamando seres imperfectos que necesitan ayuda y eso nos deja desnudos otra vez.
Saltemos el muro de la mátrix espiritual para seguir yendo más allá y lograr nuestra plenitud en el aquí y el ahora.

Trailer de Attack on titan