Creer o no creer, no es el dilema

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Por Sergio Ureta
Escritor científico- médico ginecólogo

Al hablar de creencia nos encontramos con dos polos: los que creen y aseguran que “sienten” la presencia de Dios, y los ateos, que simplemente niegan la posibilidad de un ser supremo, porque la física y la biología lo explicarían todo. El problema surge en los que estamos entre ellos, que no sentimos a Dios, pero tampoco nos convence su inexistencia.
Esto porque aún está la deuda científica física que explique la ocurrencia del Big Bang y la biológica que explique el inicio de la vida.
La física ha podido explicar casi perfectamente la existencia del Universo, después de ocurrido este evento (salvo algunos detalles como los hoyos negros, la materia oscura y otros); lo mismo que la biología nos permite el raciocinio desde un primer ser vivo evolucionó hasta el ser humano (salvo otros detalles, que aún no explica, la creación de vida y los eslabones entre una especie y otra).
Un ateo interesante de conocer es Richard Dawkins, un connotado biólogo evolutivo británico, quien asegura que el gen es la principal unidad de selección de la evolución y explicaría todo, incluso la cualidad de sentirse religioso con la propiedad de creer en un Ser Superior omnipotente. Ha escrito libros como “El gen egoísta” (1976), “El fenotipo extendido” (1982) “El espejismo de Dios” (2007), aparte de participar en múltiples conferencias y debates científicos que dan testimonio de esta postura. Dawkins plantea que “la existencia de Dios es una hipótesis científica como cualquier otra”, por tanto habría que demostrarla. Y, por supuesto, cuanta con adeptos en todo el mundo que lo destacan como un ícono.
Por otro lado, en una publicación del 2017 Miguel Pita, doctor en Genética y Biología Celular, profesor de Evolución y Genética en la Universidad Autónoma de Madrid, autor del libro “El ADN dictador. Lo que la genética decide por ti”, explica cómo nuestro ADN nos convierte en lo que somos, e influye tanto en las reacciones fisiológicas más elementales, como en conductas complejas como la sexualidad, la búsqueda de pareja, o las preferencias dietéticas (y aunque no lo menciona directamente, también podría explicar la tendencia religiosa).
Pita señala: “La genética tiene una responsabilidad casi total en algunos rasgos, pero en muchos otros tiene una contribución mediana o pequeña. Pone un andamio sobre el que, con nuestras vivencias y hábitos, nosotros terminamos de construir, y no es dictador que destruye el libre albedrío, porque hay rasgos en que el ambiente tiene un impacto igual de importante, tal como la educación y la sociedad en que nos toca participar y otros”.
Y de este otro adagio es que quiero “colgarme”, porque el tema Dios como mencioné, estoy tan ignorante como todo agnóstico. “La genética no lo dice todo”, claro que no lo dice todo, ya está demostrado que el ambiente que rodea a cada humano influye en la expresión de su genoma, elementos que se catalogan científicamente como epigenéticos.
Epigenética se refiere a los factores que, sin corresponderse a los genes, participa en la configuración de los seres vivos. Y uno de estos factores epigenéticos es la astrología, que es el estudio de la influencia de los astros en el ser humano.
La astrología es un conocimiento humano que podría catalogarse como inherente a la especie sapiens, porque nace con la inteligencia, como una necesidad de explicarse su existencia, a diferencia del resto de la fauna que nace, vive y muere sin ningún conflicto, el ser humano requiere explicaciones de todo lo que le rodea y de su propia esencia. Desde los inicios de su inteligencia se sintió parte de la naturaleza y de este Universo, estableciendo relaciones entre los astros que se desplazaban en el cielo, que denominó planetas (deriva del griego que significa “errante”) En el siglo XVII, se cambió la nominación de planeta a los astros que no tienen luz propia, sin embargo la astrología mantiene su etimología original.
Estos siete “planetas” determinaron los días de la semana, lunes: Luna, martes: Marte, miércoles: Mercurio, jueves: Júpiter, viernes: Venus, sábado o Saturday: día de Saturno y domingo o Sunday: día del Sol.
El sapiens original comenzó a estudiar las distintas posiciones de estos planetas y sus relaciones con eventos terrestres, así nace la astrología, que se desarrolló hasta que la Santa Inquisición intentó abolirla, quemando bibliotecas con esta información y también a sus seguidores. El último astrólogo que salvó de ser quemado fue Galileo Galilei, que se le permitió retractarse por ser amigo del Papa Urbano VIII.
La astrología debió ocultarse en escuelas herméticas, sin embargo comenzó a filtrarse información que algunos autodenominados astrólogos que adquirieron este conocimiento, en especial los que se dedicaron a la astromancia (mancia: adivinar), la han desacreditado frente a la comunidad científica, que aseguraban adivinar el futuro a través del horóscopo, que si bien a veces acertaban, no es la esencia de la astrología. Sólo es epigenética.

*Extracto del libro “Astrología, una verdad basada en la evidencia”