Editorial: Prohibido castrar mujeres

publicado en: Miradas de la realidad | 0

Por Valeria Solís T.
Terapeuta energética, escritora, periodista (UDP)
Directora Mirada Maga

No soy dada a las fechas conmemorativas, me dan un poco de pudor, sobre todo por la explosión de clichés que aparecen, pero esta vez tengo la necesidad de compartir reflexiones. Hace unas semanas, como terapeuta energética me enfrenté a las memorias del inconsciente de una paciente, la vi a ella y me vi a mí. Esa experiencia me removió tanto que tuve que escribirla y luego la compartí en RRSS, generó harto movimiento, por eso la comparto acá, pero también la desmenuzo, que es lo urgente.

 

«Veo mujeres, escucho cómo le dicen a una niña de 9 años ante su menstruación: ahora eres una mujercita. (Ahora eres una niña que juega, que no entiende qué es ser mujer, que significan verdaderamente sus cambios) lo mismo le dicen a una de 10 y 11, eres una mujercita…Se asustan, su sangre ya no cae tranquila, su sangre cae con dolor, se retuerce el estómago, el miedo de ese cambio queda impregnado en el inconsciente.
Veo mujeres, crecen sus senos, sus caderas levemente y otros se ríen de ella, se burlan, la quieren tocar, la quieren oler…ella se asusta y se mira al espejo, no quiero cambiar, no quiero crecer así. Veo mujeres, su sexualidad despierta y ella escucha: si no le cuentas a nadie de tus deseos eres una reprimida, pareces monja, cartucha. Si disfrutas tu sexualidad eres una agrandada, una suelta, una puta. Nada en este tránsito carece de juicios, ni confusiones ni apoyos, cada vez que llega esa sangre lunar el cuerpo duele más, no es gracioso menstruar, no es gracioso cambiar, no me gusta ser mujer.
Veo mujeres, están embarazadas: las tapan, le cubren sus pechos, sus muslos, y se escucha: engordarás como chancho, tus hormonas te desequilibran, no eres tu, eres un saco de hormonas, no sabes lo que quieres.
Veo mujeres, aparecen arrugas, canas y la sangre que corre por las piernas es cada vez más leve y lejana. No quiero mi cuerpo, no quiero mi piel. Me sudan las manos, sudo en las noches, sudo sin control. Tengo terror, mi cuerpo siente terror, otro cambio, otro juicio, otra confusión.
Dan ganas de llorar de cansancio
Y de pronto, la vida dice: eres la creadora, tu primera sangre hablaba de tu poder de creación, de contención, de vida, como yo. ¡Cuanto juicio viviste en sociedad por tu capacidad fértil y creadora! Hoy nacerás de ti misma, esas canas te anuncian que ahora viene tu propio nacimiento».
Sinceramente, yo pregunto tras esto, ¿puede haber algo más hermoso y sublime que ser mujer?

Isabel Coixet, directora de cine

La frase «dan ganas de llorar del cansancio», fue lo que me dio más escalofríos, ¿cómo es posible que la historia de la mitad +1 de la humanidad tenga que cargar tan traumáticamente con el peso de sus transformaciones?, ¿tiene realmente un sentido esta exposición permanente para ser juzgada por otros y otras? Algunas me dijeron que era tanto el poder de la mujer que los hombres las atacaban por esa «envidia». Yo no creo que ésa sea la razón profunda, sino que se trata de una falta de desconocimiento y profundidad brutal. Y advierto tras lo aprendido: «Lo que no se conoce no se ve, menos se valora, menos se ama», y si históricamente estuvimos recluidas a la intimidad de nuestras piezas, de los espejos, de las cocinas, de las conversas y susurros entre mujeres, ¡es muy poco probable que hayamos podido expresar y manifestar en Tierra, el planeta que habitamos, quienes somos! nos convertimos en desconocidas para nosotras mismas y más aun para las sociedades.
Estos meses he puesto atención en conciencia, muy despierta, a escritos de mujeres, películas creadas, escritas o protagonizadas por mujeres y he quedado impactada por encontrarme tan condicionada…, pese a lo inquieta que soy, por la mirada masculina de nosotras, incluso aquellas miradas con las mejores intenciones ¡fallaron! No eran nuestras voces, no era nuestra forma de mirar ni de sentir y una, ingenuamente, creyó leer a sus pares a través de esos relatos. Así, las mujeres de verdad no son necesariamente masculinas, agresivas, frías, cuando tienen poder; no son superficiales, borrachas, chillonas cuando viven su sexualidad sin prejuicios; no son distraídas, voladas, tontas y fucsias cuando son más superficiales; no son hediondas, poco higiénicas, peludas, piojentas cuando son anarcas; no son amargadas, solas, asexuadas, anti venusinas cuando son buscadoras o intelectuales. En fin, podría dar una larguísima lista de cualidades prejuzgadas que hasta nosotras mismas las dimos como verdaderas.
Me quiero detener en la invitación a romper nuestros propios prejuicios en relación a nuestras voces e inquietudes, a leernos, a vernos, a apoyarnos, y enterrar paradigmas como «la que puede, puede» y hagamos la posta, la acordonada sanamente, sin caer más en el juego de las caricaturas para excluir a la otra, porque de eso ya tuvimos ¡hasta el hartazgo!

Gracias queridas mujeres, las abrazo