Ideologías medioambientales

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Por Félix Muñoz
Ingeniero Civil Hidráulico (PUC)
Autor del libro «Metafísica de la conciencia y el hábitat»

Desde mediados del siglo XX se han establecido posturas ético-filosóficas que han apuntado a dar solución a las preocupaciones ambientales. A continuación se presentan ordenadas, no por su aparición cronológica o por el tipo de soluciones, sino por los derechos que le otorgan a la naturaleza.
En un extremo se encuentran aquellas posturas más conservadoras donde la naturaleza se percibe como un bien material que presenta un valor de utilidad. Y en el otro extremo, el planeta entero sería considerado como un ente vivo según el cual debemos regirnos.
A medida que avanza la lista, resulta evidente un aumento del cuestionamiento a los paradigmas históricos de la ética, pasando de ser levemente discutidos y ampliados hasta, incluso, proponer una renovación total del sistema, donde la moral ya no estaría orientada al resguardo del bienestar exclusivo del hombre sino a la preservación de los mecanismos de la naturaleza. A continuación, se presentan someramente estas ideologías mostrando las ideas centrales que las identifican, junto con mis comentarios.

Posturas medioambientales
a. Antropocentrismo o antropocentrismo fuerte (ecofilosofías tecnocráticas): consideran al individuo como el único ser acreedor de importancia en el mundo y en consecuencia todo lo demás tendría únicamente un valor instrumental, incluida la naturaleza y también las instituciones humanas, las comunidades y las culturas. Esta tendencia propone conformar en bienes transables los componentes ambientales, de forma que su conservación se regule principalmente a través del mercado, cediendo las decisiones a quienes pueden pagar, ya sean países, personas o la industria.
b. Utilitarismo: corresponde a una modalidad de antropocentrismo regido por el principio de utilidad, que justifica las acciones del hombre según su contribución al bienestar. En consecuencia, en tanto la naturaleza conforma el hábitat donde el hombre alcanza su felicidad, el destino de ambos se decide conjuntamente. Luego, admite tener intereses y obligaciones con la naturaleza, o más bien con su capacidad de otorgar beneficios terapéuticos, estéticos y económicos. Aunque no necesita detenerse a considerar derechos, le basta con hacer uso de la realidad para alcanzar lo que en ese momento signifique “la felicidad”, que no define y solo intenta objetivar al referirla a una mayoría, informada o desinformada, bien o mal representada y dependiente de la manipulación.
Las posiciones anteriores, no da derechos a la naturaleza y es notable también la escasez de derechos asignados al hombre. Suponen que la libertad de cada uno se optimiza cuando nuestras decisiones no son afectadas, pero no consideran que las alternativas de decisión pueden verse seriamente disminuidas por elecciones anteriores de otros hombres. Basta que las restricciones se encuentren fuera de la percepción del afectado o que puedan atribuirse a la “naturaleza de la sociedad” o al “destino de cada uno”. Se trata de posturas simplistas, acotadas a la contingencia, que se justifican a través de la técnica y nos proveen de un dinámico sentido práctico construido a través de lo que podríamos llamar un “individualismo inmediato”. Sus soluciones a los problemas ambientales no pasan de ser parches.
c. Antropocentrismo débil (ecofilosofías humanistas): considera que el ser humano, decida lo que decida, siempre se apoyará en valores que lo pondrán a sí mismo como fundamento, es decir, que no puede dejar de ser antropocéntrico, justificando así todas sus acciones, incluso cuando se refieran a un beneficio para la naturaleza. Luego, no hay contradicción al establecer deberes hacia objetos no humanos, aunque no todas las opiniones serían convergentes. De aquí la necesidad de las llamadas “preferencias consideradas”, que suponen un acuerdo sobre la base de un debate racional, dando lugar en realidad a “preferencias asumidas por consenso”. No es mucho más lo que define, y suele ser utilizado como argumento de partida para respaldar variadas tendencias democráticas, que en definitiva admiten desentenderse del problema ambiental y delegar las decisiones al voto de la población, con los consecuentes beneficios políticos, pero con una enorme dosis de especulación y dependencia de una mayoría que en definitiva es inducida por los mismos políticos.
d. Desarrollo sustentable: actualmente es la ideología que comparten los países desarrollados y en vías de desarrollo, bajo el alero de las Naciones Unidas. Extiende las responsabilidades del hombre de manera que también debe preocuparse por preservar las posibilidades de las generaciones futuras, aunque circunscribiendo el tema ambiental principalmente a la pobreza del Tercer Mundo, el hambre y las desigualdades humanas. Sus propuestas son el mantenimiento del sistema de mercado internacional considerando una minimización de los efectos negativos sobre la naturaleza, así como la aplicación de políticas de control de la natalidad y la transferencia de tecnologías. Respecto del medio ambiente, hoy la mayor preocupación es el cambio climático, cuyas metas de control se han ampliado reiteradamente.
Podríamos asimilar el desarrollo sustentable a un utilitarismo donde el objetivo es la felicidad dada por la capacidad de consumo, donde los problemas se reflejan en los índices de pobreza, la falta de recursos y de tecnología. A través del voto intenta hacerse cargo de las imperfecciones del sistema estableciendo nuevas regulaciones para el desarrollo, lo que implica llevar a cabo amplios procesos de negociación que difícilmente alcanzan consenso y avanzan con dificultad. La opinión ciudadana inexperta, al igual que la opinión de los políticos, solo ha sido compensada por la acción de organizaciones no gubernamentales. Aborda el medio ambiente determinando regulaciones que permitan preservar su condición actual. No se pronuncia sobre el respeto a la vida ni los derechos de las minorías (esto recién comienza) y utiliza como enganche a las generaciones futuras… Evidentemente, las generaciones futuras no tienen opinión ni podemos saber qué es lo que considerarán como mínimo necesario, siendo una treta ideológica que busca poner freno a la explotación inconsciente del entorno, sustentándose en el miedo al hacer ver que el medio ambiente tiene un límite, y que a falta de un credo utiliza a nuestros hijos puesto que nadie se atreve a contradecir a su propia herencia. En el futuro, tal vez lejano, debería trasmutar a regulaciones definidas por el deseo del hombre actual de respetar a los demás y la naturaleza, destinadas a lograr las condiciones en las que queremos vivir nosotros mismos, incluso cuando no alcancemos a verlas realizadas. En todo caso, debemos reconocer que el desarrollo sustentable es el primer ideal que la sociedad asume que no está referido a beneficios inmediatos, va más allá del individualismo.
e. Justicia ambiental: como un apartado de lo anterior, se ocupa principalmente de la lucha contra las formas de discriminación racial-ambiental, entendida como la exposición desproporcionada de las minorías, raciales o de menores ingresos, a los peligros ambientales de la contaminación, dado por un reparto desigual de cargas contaminantes entre países. Propone que la distribución de estas cargas se realice conforme a criterios de justicia.
f. Ecodesarrollo. Algo distinto del desarrollo sustentable, considera que el problema ambiental está dado por desigualdades como resultado de las economías de acumulación y consumo de las sociedades occidentales del norte del mundo que arrastran a las del sur. Plantea que la solución pasa por un desarrollo regional adaptado a los recursos naturales del entorno y a la cultura de cada sociedad, además de la transferencia de recursos tecnológicos y una buena planificación. Ciertamente, establece una preocupación por la mentalidad de las personas en función de su origen.
g. Ecología política: a partir del encuentro de los partidos socialistas tradicionales y de los movimientos ecologistas, considera que el problema ambiental es el resultado de una crisis de la civilización, y que se debe transformar la razón tecnocrática moderna por una razón práctica, consciente de sus propios límites y de la necesidad de encontrar un camino a través de la comunicación, los acuerdos y la observación de la naturaleza. Plantea que se debe alcanzar la igualdad de todas las personas, lo suficiente para que cada una pueda desarrollar su propio plan de vida.
La Justicia ambiental, el ecodesarrollo y la ecología política, aunque no establecen una discusión ni soluciones que apunten a rehacer o establecer nuevos derechos para el hombre o la naturaleza, sino más bien a hacer respetar los ya existentes, parecen acercarse a una solución más global abordando aspectos tocantes a la moral. Es innegable que al considerar el problema del consumismo y la necesidad de aumentar la interrelación entre las personas también proponen un cambio a nivel cultural, asignándole así nuevos objetivos al hombre. Sin embargo, habría que agregar que se trata de posturas humanitarias más preocupadas de igualar a las minorías que proponer un nuevo modelo común, pasando por alto la consideración de los derechos de la naturaleza.
Cabe señalar que la política del siglo XXI ya ha incorporado el principio de “igualdad” incluso en países en desarrollo, aunque existen exiguas herramientas de coordinación social y ha sido a través de manifestaciones callejeras y huelgas que estas minorías se han hecho escuchar. De hecho, muchos han aprendido a abusar de esta condición y organizadamente piden pagos que los políticos no pueden negar, incluso por sobre la opinión ciudadana. Desafortunadamente, aún se trata a las minorías como si fueran débiles, como si hubiera una deuda con ellos, y tal vez la hay, pero lo que se requiere no es forzosamente compensarlas, sino darles oportunidades ajustadas a sus propias necesidades, incluso oportunidades exclusivas.
h. Ecofeminismo: postula que el problema ambiental surge porque el pensar humano y la organización social han estado regidos desde hace siglos por valores estrictamente masculinos, caracterizados por una voluntad de dominio que fragmenta la realidad. Propone la comprensión y la cooperación con el otro, una integración de las personas con la naturaleza, llamando a seguir estándares de respeto entre todos los seres vivos y considerar derechos en la naturaleza, aunque no llega a definirlos. Propone algo así como un “reinado” de tal integración, dejar el antropocentrismo y dar pie a una igualdad entre los hombres y la naturaleza basada en el amor. Aunque resulta contradictorio pretender descartar las diferencias y jerarquías, circunstancia en la que el desarrollo individual e incluso el amor se verían coartados.
i. Ética ecológica: propone una reconversión de los conceptos en el discurso moral, de modo que los términos “ley”, “imperativo”, “obligación”, “deber”, “virtud”, “bien”, etc., deberían ser reelaborados no en función del hombre, entendido como centro y fin del cosmos, sino de la naturaleza de la cual forma parte y de la que depende en su quehacer, y donde ocupa el lugar principal. Implica entonces un cambio de paradigma moral, imponiendo un geocentrismo práctico, dependiente de las categorías aportadas por la ciencia ecológica y la biología, entre las que destacan “equilibrio de la naturaleza”, “homeostasis”, “comunidad biótica”, etc., a partir de los cuales se transformarían los conceptos mencionados inicialmente.
En lo personal, es a partir de la ética ecológica que espero se generen las mayores transformaciones y valoraciones éticas, las cuales por el momento solo se han propuesto a modo de indicaciones y distan de ser desarrolladas completamente ni menos aún implementadas.
La ecología y la biología deben servir de base para entender cómo el hombre participa en la naturaleza, en términos de la civilización y las afectaciones sobre el medio ambiente, pero sobre todo para verse reflejado en ella, para ver ahí nuestra propia naturaleza, para entender lo que somos en tanto seres vivos y desde ahí participar.
j. Bíocentrismo. Considera que la relación del hombre con la naturaleza podría articularse a partir del principio “yo soy vida que quiere vivir en medio de vida que quiere vivir”. El hombre puede entonces satisfacer sus necesidades manteniendo un respeto ante la naturaleza de tal forma que no se altere su equilibrio biológico. La vida en sí cobra valor, de manera que no se puede afectar sin una adecuada justificación. Podríamos decir que se enfoca en hacer respetar y proteger a los seres vivos antes de definir sus derechos o libertades, y antes de definir las oportunidades y competencia natural que existe en los ecosistemas. En particular, no responde a cómo el hombre debe evolucionar en sintonía con la naturaleza.
k. Ecología profunda (Deep ecology). Plantea que todas las especies tienen el mismo derecho a desarrollarse de acuerdo con su naturaleza. Propone la autorrealización humana mediante la identificación del individuo con la comunidad biótica y con el carácter espiritual de toda la Tierra, que se reconoce como divinidad, dando fundamento de un igualitarismo biológico.
De este planteamiento han derivado el bio regionalismo, que intenta organizar las sociedades humanas ciñéndose a las posibilidades y límites biológicos del territorio, manteniendo los equilibrios ecológicos previos a la actividad humana; y el Wilderness, que establece que los territorios aún no vulnerados por el hombre son sagrados y deben conservarse en iguales condiciones.
l. Fisiocentrismo. Corresponde a la ética de la Tierra, la cual se construiría no a partir del hombre sino a partir del planeta, de forma que los imperativos morales estarían en función de la ley suprema del equilibrio de la naturaleza: algo es justo cuando tiende a conservar la integridad, la estabilidad y la belleza de la naturaleza. Es injusto cuando la destruye o perturba.
A partir del Bíocentrismo, se intenta integrar todos los aspectos de la realidad a través de una ley suprema de carácter primordial, de manera que la preservación de sus fenómenos, sus ciclos y su evolución deben constituir el objetivo de la ética.
Puede parecer irónico, pero se acentúa de tal forma la preexistencia de esta ley que el hombre incumple, que quedan dudas respecto de la naturaleza del hombre, ¿acaso no formamos parte de la naturaleza, incluso siendo la cúspide de la cadena alimenticia? Aunque esta ley suprema pueda ser real hasta ahora nadie ha podido definirla ni menos integrar al hombre en ella, con lo cual sus simpatizantes han interpretado que deben hacer un mínimo uso del entorno. Cabría hacer ver que su fundamento proviene de experiencias personales no transmutables al mundo de la ciencia, al menos por ahora.
Lo que pretenden sustentar es básicamente una religión y sin duda es bueno que la naturaleza ocupe un lugar entre las religiones, pero con el fin de optimizar la evolución tanto del ser humano como de la Tierra es necesario que los criterios sean racionalmente comprensibles por cualquier persona, que la experiencia de lo sagrado sea común, para lo cual tal vez distan milenios. Entonces, ¿hasta dónde podemos llevar la experiencia común?

*Extracto del libro del mismo autor «Metafísica de la Conciencia y el Hábitat, Libro I». Bs. Aires, Ed. Prometeo (www.prometeoeditorial.com).